Ciencia – MEDICINA CUANTICA https://medicinacuantica.global Mon, 13 Dec 2010 08:15:22 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.3 El Ser Humano es un Buen Transmisor de Banda Ancha de Acuerdo a un Estudio de la Universidad de Corea del Sur https://medicinacuantica.global/?p=1474 Mon, 13 Dec 2010 07:20:52 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=1474

Primero enviamos los datos a través de cables, después por la ionosfera, y ahora el cuerpo humano se está convirtiendo en un conducto de comunicación.

Investigadores de la Universidad de Corea en Seúl han conseguido transmitir datos a una velocidad de 10 megabits por segundo a través del brazo de una persona, utilizando dos electrodos colocados en la piel a 30 centímetros de distancia.

La fina y flexible configuración de electrodos utilizada es considerablemente menor que un enlace inalámbrico como Bluetooth. Ello se debe a que las ondas electromagnéticas de baja frecuencia pasan a través de la piel con poca atenuación, una ruta que también los protege de la interferencia exterior.

Es difícil monitorear los signos vitales, como el azúcar en la sangre y la actividad eléctrica del corazón.

Sin embargo añade el co-autor Sang-Hoon Lee, de la Universidad de Corea en Seúl:

Si queremos utilizar una red inalámbrica para cada uno de estos signos vitales se necesitan muchas baterías,”. Una red que se transmite a través de la piel genera una receptividad del 90 por ciento.

Lee y sus colegas han utilizado un electrodo metálico recubierto con piel de seguridad flexible y polímero de silicio y se aseguró que estaba aislado de la piel de los voluntarios pidiendo a éstos usar un electrodo en el hombro, o detrás de la oreja durante una semana. También realizaron pruebas de citotoxicidad utilizando cultivos de células humanas.

Todo el dispositivo es de 300 micras de espesor – aproximadamente el ancho de tres cabellos humanos con un ángulode inclinación de 90 grados.

El equipo coreano está trabajando con un gran fabricante de productos electrónicos para desarrollar redes de vigilancia de la salud utilizando los electrodos de nuevo. Lee dice que las futuras versiones podrían incluso ser incrustadas debajo de la piel para aplicaciones de monitoreo a largo plazo, tales como un electrocardiograma (ECG) o electroencefalograma (EEG).

Los investigadores de Nippon Telegraph and Telephone también están trabajando en redes intra-cuerpo, con objetivos tales como por ejemplo, permitir a las personas abrir puertas al tocarlas.

Pero el hecho de que la mayoría de los aparatos existentes ya están diseñados para soportar los protocolos inalámbricos como Bluetooth, hace que el uso de los mismos sea mucho más factible para aplicaciones de consumo como, dice Juan Lach, un ingeniero eléctrico y equipo de la Universidad de Virginia en Charlottesville. No obstante, hay importantes estudios que están trabajando la transmisión de datos por la Ionosfera, como es el caso del dispositivo WIRRSIP, y que serán comercializables en un futuro inmediato.

En aplicaciones médicas, sin embargo, utilizando el cuerpo como un conductor tiene más sentido inmediato, dice. “Vamos a tener que explorar más energía-eficiente de los sistemas de comunicación intra-cuerpo ya que la transmisión inalámbrica es de gran eficiencia».

Journal reference: Journal of Micromechanics and Microengineering

Fuente: I.R.C.A.I (Instituto de Radiofrecuencia Cuántica Avanzada Internacional).

El ser humano es un buen transmisor de Banda ancha.

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Imaginando la Décima Dimensión https://medicinacuantica.global/?p=2344 Mon, 30 Aug 2010 22:15:31 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=2344

¿Has pensado alguna vez en la sexta dimension? ¿Y en la octava? Presentamos un buen ejercicio para ejercitar la imaginación conceptualizando diez dimensiones explicadas en video -en inglés- y redactado a continuación en castellano. Amplia horizontes. 

Es hora de Inspirarnos.

Comencemos con un punto. Como sabemos, un punto no tiene dimensiones. Es una abstracción matemática muy utilizada en física, donde consideramos que los objetos son puntos. Pensemos en la Ley de Gravitación Universal de Newton. Aplicada al movimiento de planetas, siempre consideramos que éstos son puntos, con toda su masa concentrada en ese punto. Una aproximación válida siempre que las distancias sean grandes comparadas con el tamaño del planeta, ya que si no, comienzan a aparecer otros efectos que no podemos explicar si únicamente fueran puntos (como las fuerzas de marea).

Si tenemos dos puntos distintos, podemos trazar una recta entre ellos. Tenemos entonces la primera dimensión. Una línea no tiene alto ni ancho, sólo longitud. Si imaginamos un universo de una sola dimensión, con habitantes de una dimensión, éstos sólo podrían ir hacia delante y hacia detrás. Una vida un poco aburrida

Con dos dimensiones ya tenemos un plano. Al igual que se puede definir una línea mediante dos puntos, se puede definir un plano mediante tres puntos, pero vamos a hacerlo de otra manera. Dos rectas que se cortan definen un plano. O dicho de otra manera, dos universos de una dimensión que se cruzan, sólo pueden imaginarse en dos dimensiones. Pensemos en una línea que se bifurca. Volvamos a nuestros seres de una dimensión. Imaginad uno de ellos que camina por su recta hasta llegar al cruce con otra recta. Estaría ante una bifurcación, y dependiendo de por dónde siguiera, entraría en un universo completamente diferente. Pero ese ser no podría imaginarse cómo es posible. Podemos imaginar también un universo de dos dimensiones donde habitan seres bidimensionales. Estos seres planos tendrían anchura y longitud, pero no altura. No podrían imaginarse una tercera dimensión. Imaginad ahora cómo verían un objeto tridimensional que cruzara su universo bidimensional. Sólo serían capaces de percibir la sección contenida en el plano que forma su universo. Es decir, imaginad una esfera que cruza ese universo plano. Los seres bidimensionales verían un pequeño círculo que aparece de la nada, que va creciendo hasta llegar a un máximo (justo cuando el plano corta por la mitad a la esfera) y luego se encoge hasta desaparecer. Para ellos sería un misterio.

Imaginar tres dimensiones es extremadamente sencillo, ya que estamos acostumbrados a un entorno tridimensional. Longitud, anchura y altura. Pero pensad en otra forma de definir la tercera dimensión. Recordemos el universo plano de dos dimensiones. Imaginad que es una enorme cartulina, que doblamos de forma que algunos puntos de la cartulina estén en contacto con otros puntos de la misma. Un ser de dos dimensiones que habitara ese universo bidimensional plegado, no podría percibir esos plieges. Pero en determinados lugares, podría pasar de un punto de su universo a otro muy alejado (para él), en un instante de tiempo, ya que esos dos puntos se tocan, por estar la cartulina doblada. Volvamos ahora los seres unidimensionales. Para ellos, la segunda dimensión sería una bifurcación en su universo lineal, de forma que podrían acceder a otro universo lineal. Pero si ese «multiverso bidimensional» se pliega sobre una tercera dimensión, los seres unidimensionales no sólo podrían ir a otros universos unidimensionales, sino a otros puntos de su mismo universo. Además, podrían trasladarse a otro universo lineal sin necesidad de utilizar la «bifurcación» donde se corta su universo con el otro.

Bueno, recapitulemos para no perdernos, que a partir de ahora las cosas se complican: una dimensión, significa que puedo unir dos puntos con una línea. Una segunda dimensión, significa que mi línea se bifurca en determinados puntos. Una tercera dimensión significa que puedo plegar esas líneas.

Vayamos ahora con la cuarta dimensión. Como sabéis, el tiempo es la cuarta dimensión. En el envío anterior vimos que según la Relatividad Especial, es necesario utilizar el tiempo como si fuera una coordenada más para situar un evento, de forma que vivimos en un espacio-tiempo de cuatro dimensiones. Recordemos el universo plano con sus habitantes bidimensionales, y cómo perciben un objeto tridimensional que atraviese su universo. Intentemos hacer nosotros una analogía con el tiempo. Un objeto tiene existencia en cuatro dimensiones, de las que sólo percibimos 3, porque de la cuarta sólo podemos captar un instante. Pensad en una persona a lo largo de su vida, desde que es un embrión, nace, crece, envejece, hasta que muere. Si intentáis visualizar una especie de película acelerada de su vida, sería algo similar a lo que ocurría en el universo plano cuando lo atravesaba una esfera. Intentad hacer ahora lo mismo con todo lo que véis, o mejor aún, con todo el universo. Para ello, imaginemos que tomamos una instantánea del universo en un instante dado, y concentramos todo el universo tridimensional de ese instante en un sólo punto. Hagamos lo mismo, pero un minuto después. El tiempo sería una línea que une esos dos puntos del universo, en instantes de tiempo diferentes. Así que imaginad que el tiempo es una línea. El universo espacial tridimensional es un punto, y la cuerta dimensión es una línea que une esos puntos pertenecientes a distintos momentos.

Si sois aficionados a las historias de viajes en el tiempo, el siguiente paso os resultará fácil. Si no, podéis ver Regreso al Futuro II. Veamos, supongo que todos tendréis uno o varios momentos clave en vuestra vida en la que tomasteis una decisión, y os habéis arrepentido. Os preguntáis qué habría sucedido si hubieseis hecho otra cosa, e incluso desearíais poder retroceder en el tiempo para cambiar lo ocurrido. Pues imaginad que tomasteis esa otra decisión. Que existe otro universo, otro espacio-tiempo en el que esa otra posibilidad sucedió. Si el tiempo es una línea, estaríamos ante una bifurcación. En ese instante crítico, la línea temporal se divide en dos, y cada una transcurre por rumbos separados. Pero como vimos en el ejemplo de una y dos dimensiones, para bifurcar una línea necesitamos una dimensión adicional. Esa dimensión sería la quinta. Así, podemos imaginar la quinta dimensión como una dimensión necesaria para permitir la existencia de líneas temporales diferentes. Los aficionados a los cómics Marvel, reconocerán aquí esos universos alternativos, en los que una simple diferencia en el pasado, crea toda una línea temporal diferente. Es clásica la saga de Dias del Fututo Pasado, de la Patrulla X, que nos muestra un futuro alternativo apocalíptico, del que a veces vienen sus habitantes, o a veces, son nuestros protagonistas los que viajan a él. Resumiendo, la quinta dimensión permite bifurcaciones en la cuarta dimensión.

¿Cómo viajar por la quinta dimensión? Pues la única forma de hacerlo sería retroceder por nuestra línea temporal con una máquina del tiempo hasta llegar a la bifurcación adecuada, y una vez allí, tomar esa otra línea temporal, y luego otra, y otra, hasta llegar a nuestro destino. En la película Regreso al Futuro II, Marty McFly y Doc Brown se ven atrapados en una línea temporal diferente, en la que Biff se ha hecho multimillonario gracias a un almanaque deportivo proveniente del futuro, con los resultados de todos los acontecimientos deportivos que habrían de ocurrir, apostando así sobre seguro. Para volver a su línea temporal (aunque en la película se considera que sólo existe una, y que se puede alterar), nuestros amigos deben retroceder en el tiempo hasta el momento en el que se produce la bifurcación, cuando el joven Biff recibe el almanaque del futuro. Imaginad ahora que nuestra bifurcación temporal se encuentra muy muy atrás en el tiempo. Tal vez en la Grecia clásica. Tal vez en el Jurásico. Tal vez antes de que se formara el Sistema Solar. O tal vez pocos segundos después del Big Bang. Un viaje muy largo. ¿Cómo podríamos ir de una línea temporal a otra, sin necesidad de recorrer todo ese camino? Pues al igual que ocurría en el paso de dos a tres dimensiones: plegando el universo. Y para eso necesitamos una dimensión adicional: la sexta dimensión. Así, viajando por la sexta dimensión podríamos tomar «atajos» entre líneas temporales, o incluso a través de la nuestra. Podríamos desplazarnos a un universo en el que fuéramos multimillonarios, sin necesidad de retroceder en el tiempo y buscar la bifurcación adecuada (aunque seguramente nuestro otro yo nos tacharía de gorrones y nos mandaría de vuelta con una patada).

Recapitulemos de nuevo. Hemos imaginado la cuarta, quinta y sexta dimensión de forma análoga a la primera segunda y tercera: una línea, una bifurcación, un pliegue.

Sigamos. Imaginad todas las líneas temporales posibles. Todas tienen un inicio común: el Big Bang. Por muchas diferencias y bufurcaciones, en todas esos universos las leyes de la física son iguales, ya que han partido del mismo Big Bang, con las mismas condiciones iniciales. Bien, comprimamos ahora todo ese multiverso en un único punto, como hicimos antes. Nuestras infinitas lineas temporales bifurcadas y plegadas, serían un único punto en la séptima dimensión. Aquí debo decir que algo se me escapa en la explicación de Imagining the Tenth Dimension, puesto que un punto no tiene dimensión. Para imaginar la séptima dimensión necesitamos otro punto y trazar una línea. Y sin embargo, eso es lo que hacen en la web para imaginar la octava dimensión.

¿Y cómo podemos imaginar otro punto? Pues pensad en un Big Bang diferente. Imaginad otro punto, formado por todos los posibles universos creados a partir de un Big Bang con condiciones iniciales diferentes. En esos universos, la gravedad podría actuar de forma diferente, la carga de un electrón sería diferente, la velocidad de la luz en el vacío sería diferente, o puede que esté formado por antimateria en vez de por materia. Un ejemplo de ello sería la famosa Zona Negativa que aparece en los cómics de Los 4 Fantásticos, y que consiste en un universo alternativo formado por antimateria. Podemos unir esos universos mediante líneas, y para ello necesitamos una octava dimensión.

¿Cómo viajar entre esos universos? Bueno, podemos hacerlo a través de la octava dimensión, pero volveríamos a la situación de la quinta dimensión. ¿Y si nuestro universo destino está muy lejos? Pues tendríamos que atravesar muchos otros universos. A menos que todo este multiverso de ocho dimensiones que hemos imaginado, esté plegado sobre sí mismo. Y para ellos necesitamos… ¡exacto! una dimensión más. La novena dimensión. Esa novena dimensión nos permitiría ir de un universo a otro, con orígenes diferentes, tomando atajos, sin necesidad de atravesar universos intermedios.

Y así llegamos a la décima dimensión. Al igual que hicimos con nuestro universo tridimensional, comprimiéndolo en un único punto en la cuarta dimensión, y comprimimos nuevamente nuestro multiverso temporal hexadimensional en un único punto en la séptima dimensión, repitamos el proceso y comprimamos nuestro ¿omniverso? eneadimensional (¿o es nonadimensional?) en un único punto, y tendremos la décima dimensión. Y parece que aquí se ha acabado todo. Hemos imaginado todas las posibles líneas temporales de todos los posibles orígenes del universo, y las hemos comprimido en un punto. Para obtener un punto distinto y trazar una línea, y seguir con el proceso, necesitamos imaginar otros posibles infinitos. Pero ya no podemos. Lo hemos abarcado todo. Hemos considerado todos los posibles inicios del universo, y todas las posibles evoluciones del mismo. No podemos seguir.

Bien, hasta aquí la explicación que aparece en Imagining the Tenth Dimension. Ahora una serie de consideraciones. Ya he dicho antes que no acabo de entender el paso de la séptima a la octava dimensión. En la explicación de ITD, la sexta dimensión sería un único punto, pero eso parece contradecir la propia definición de dimensión. Necesitamos otro punto para trazar una línea, y eso lo hace en la octava dimensión. Lo mismo ocurre con la décima. Todo lo que hemos imaginado se reduce a un punto, y ya no podemos seguir pues no podemos imaginar otro punto. Entonces ¿en qué consiste realmente esa décima dimensión? ¿Un sólo punto? Puede que me haya perdido algo importante.

Por otro lado, toda esta explicación está muy bien como ejercicio didáctico, para enseñarnos a imaginar dimensiones más allá de la cuarta. Pero si sólo se puede llegar a la décima, tenemos un problema, ya que en determinadas teorías de Supercuerdas, se predicen 11 ó incluso 26 dimensiones. ¿Cómo podemos imaginarlas? Bueno, podríamos utilizar esas técnicas de imaginar, y pensar por ejemplo que antes de llegar al tiempo como cuarta dimensión, podemos plegar el espacio, como se supone que ocurre con los agujeros de gusano, que conectan puntos de nuestro universo muy separados entre sí. O podríamos pensar en que el tiempo se pliega también sobre una dimensión más antes de bifurcarse, permitiendo acceder a distintos puntos de la línea temporal, sin vecesidad de viajar por ella. Puede que incluso sea la única forma de viajar a un punto anterior.

Pero así sólo llego a dos más. Pensar en alcanzar 26, la verdad es que da vértigo. ¿Alguna idea?

FOTOS: http://musac.es/prensa/

http://en.complementart.com/

FUENTE: http://www.malaciencia.info/2006/08/imaginando-la-dcima-dimensin.html

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Proyecto Conciencia Global ¿Demostrando que Estamos Unidos? https://medicinacuantica.global/?p=2244 Wed, 28 Jul 2010 10:42:10 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=2244

El Proyecto de Conciencia Global liderado por el Dr. Roger Nelson de la Universidad de Princeton en la que participan más de 75 científicos de 41 países lleva más de diez años estudiando los efectos de la Conciencia sobre el ser humano.  Si es cierto que la física cuántica descansa en el orden implicado -CONCIENCIA- enumerado por el profesor David Bohm, tiene sentido que hayan científicos desarrollando experimentos que arrojen evidencia sobre esta relación.  El siguiente artículo aporta información sobre el trabajo del Dr. Nelson.  En las fuentes que citamos al final también se aporta el link oficial del proyecto que sigue en curso para aquellos interesados en comprobar las últimas investigaciones al respecto.  Estamos al inicio de un nuevo paradigma y posiblemente estos estudios más que darnos respuestas rotundas nos indiquen los primeros pasos hacia la andadura del hombre superando sus propios límites. 

«En las profundidades del sótano de la polvorienta librería de una universidad en Edimburgo yace una pequeña caja negra, más o menos del tamaño de dos cajetillas de cigarrillos juntas, que genera números aleatorios en un flujo interminable.

A primera vista es un aparato poco destacable. Recubierto de metal, contiene en su interior un microchip no más complejo que los encontrados en las modernas calculadoras de bolsillo.

Pero, de acuerdo a una creciente lista de científicos, esta caja tiene extraordinarios poderes. Es, según ellos, el “ojo” de una máquina que parece ser capaz de aventurarse en el futuro y predecir grandes eventos mundiales.

La máquina, aparentemente, sintió los ataques del 11-S sobre el World Trade Centre cuatro horas antes de que ocurriesen – pero en la ferviente oleada de teorías de conspiración de entonces, estas afirmaciones fueron rechazadas por los escépticos. Pero el pasado Diciembre, también pareció prever el tsunami asiático justo antes que el terremoto submarino precipitara la tragedia.
Ahora, incluso los que dudaban han reconocido que aquí tenemos una pequeña caja con unos poderes aparentemente inexplicables.

“Es un asunto asombroso,” dice el Dr. Roger Nelson, investigador emérito en la Universidad de Princeton en los Estados Unidos, quien es el responsable del proyecto de investigación tras el fenómeno de la caja negra. “Estamos dando los primeros pasos en el proceso de tratar de entender qué está pasando con esto. Hasta el momento estamos andando a ciegas.” Las investigaciones del Dr. Nelson, con el nombre de Proyecto de Consciencia Global (ahora Noosphere), fueron acogidas inicialmente por la Universidad de Princeton y están centradas en uno de los más extraordinarios experimentos de todos los tiempos. Pretende detectar si toda la humanidad comparte una única mente subconsciente en la que todos podemos sondear sin ser conscientes de ello.

Y máquinas como la caja negra de Edimburgo han lanzado una posibilidad deliciosa: que los científicos pueden haber descubierto, involuntariamente, una forma de predecir el futuro. Aunque muchos considerarán las intenciones del proyecto poco más que el sueño de un tonto, ha atraído a una plétora de 75 científicos respetados de 41 países diferentes. Investigadores de Princeton – donde Einstein pasó gran parte de su carrera – trabajan junto a científicos de universidades en Gran Bretaña, Países Bajos, Suiza y Alemania. El proyecto también es la investigación más rigurosa y de mayor duración realizada nunca antes en los potenciales poderes de lo paranormal.

“Muy a menudo, los fenómenos paranormales se evaporan si los estudias el tiempo suficiente,” dice el físico Dick Bierman, de la Universidad de Amsterdam. “Pero esto no está pasando en el Proyecto de Consciencia Global. El efecto es real. La única disputa es sobre su significado.” El proyecto tiene sus raíces en el extraordinario trabajo del Profesor Robert Jahn, de la Universidad de Princeton, a finales de los años 70. Él fue uno de los primeros científicos modernos en tomarse seriamente los fenómenos paranormales.

Intrigado por cosas tales como la telepatía, la telekinesia – el supuesto poder psíquico para mover objetos sin el uso de la fuerza física – y la percepción extrasensorial, decidió estudiar el fenómeno utilizando la tecnología más actualizada disponible entonces. Una de esas nuevas tecnologías era una caja negra de aspecto humilde conocida como Generador de Eventos Aleatorios (REG en inglés). Utilizaba tecnología computacional para generar dos números – un uno y un cero – en una secuencia totalmente aleatoria, una especia de cara o cruz electrónico.

El patrón de unos y ceros – o “caras” y “cruces” – era entonces impreso como un gráfico. Las leyes de la probabilidad dictan que los generadores deberían arrojar igual cantidad de ceros y unos – lo que sería representado en el gráfico como una línea plana. Cualquier desviación de esos números mostraría una suave curva ascendente. Durante los últimos años 70, el Profesor Jahn decidió investigar si, con el único poder del pensamiento humano, se podría interferir de algún modo en las lecturas habituales de la máquina. Abordaba a viandantes de la calle y les pedía que concentrasen sus mentes en su generador de números. En efecto, les pedía que tratasen de hacer aparecer más “caras” que “cruces.”

Era una idea absurda por entonces. Los resultados, sin embargo, fueron sorprendentes y nunca han sido satisfactoriamente explicados. Una y otra vez, gente completamente ordinaria probó que sus mentes podían influir en la máquina y producir significativas fluctuaciones en el gráfico, “forzándola” a producir cantidades desiguales de unos y ceros. De acuerdo a todas las leyes conocidas por la ciencia, esto no debería haber sucedido, pero lo hizo. Y sigue pasando.

El Dr. Nelson, también trabajando en la Universidad de Princeton, extendió el trabajo del Profesor Jahn llevando máquinas generadoras de números aleatorios a grupos de meditación, que eran muy populares en Estados Unidos por entonces. Nuevamente, los resultados eran asombrosos. Los grupos eran capaces, colectivamente, de causar alteraciones dramáticas en los patrones de números. Desde entonces, el Dr. Nelson quedó enganchado. Utilizando Internet, conectó hasta 40 generadores de números aleatorios de todo el mundo al ordenador de su laboratorio en Princeton. Funcionando constantemente, día a día, generando millones de piezas distintas de datos. La mayor parte del tiempo, la gráfica resultante en su ordenador mostraba más o menos una línea plana.

Pero el 6 de Septiembre de 1997, sucedió algo extraordinario: la gráfica se disparó hacia arriba, registrando una alteración repentina y masiva en la secuencia de números mientras sus máquinas por todo el mundo empezaban a registrar enormes desviaciones de la norma. El día también fue de importancia histórica por otra razón, según las estimaciones, mil millones de personas vieron el funeral de la Princesa Diana de Gales por televisión.

El Dr. Nelson estaba convencido de que los dos hechos tenían que estar relacionados de algún modo.

¿Pudo haber detectado un fenómeno totalmente nuevo? ¿Pudo el flujo emocional de millones de personas ser capaz de influenciar la salida de sus REGs? ¿Si fue así, cómo?
El Dr. Nelson no sabía cómo explicarlo.

De modo que, en 1998, reunió a científicos de todo el mundo para analizar sus hallazgos. Ellos, también, estaban sorprendidos, y decidieron extender y profundizar en el trabajo del Profesor Jahn y el Dr. Nelson. Había nacido el Proyecto de Consciencia Global.

Desde entonces, el proyecto se ha extendido masivamente. Han sido reclutados un total de 65 Huevos (como han sido llamados los generadores) en 41 países, para actuar como los “ojos” del proyecto, y los resultados han sido tan asombrosos como inexplicables. Porque durante el curso del experimento, los Huevos han “sentido” toda una serie de grandes eventos mundiales en el momento en que sucedían, desde el bombardeo de la OTAN en Yugoslavia, pasando por la tragedia del submarino Krusk, hasta las elecciones en suspenso de 2000 en Estados Unidos. Los Huevos también detectan regularmente grandes celebraciones globales, como la fiesta de Año Nuevo.

Pero el proyecto lanzó su mayor enigma el 11 de Septiembre de 2001. Mientras el mundo permanecía parado y observaba el horror de los ataques terroristas perpetrados en Nueva York, algo extraño le estaba pasando a los Huevos. No sólo habían registrado los ataques como en realidad había sucedido, sino que la característica alteración en el patrón de números había comenzado cuatro horas antes de que los aviones hubieran impactado contra las Torres Gemelas. Habían, al parecer, detectado que estaba a punto de suceder un suceso de importancia histórica antes de que los terroristas hubieran si quiera embarcado en los aviones.

“Supe entonces que teníamos mucho trabajo por delante,” dice el Dr. Nelson.

En las últimas semanas de Diciembre del año pasado, las máquinas se volvieron locas de nuevo. Veinticuatro horas después, un terremoto bajo el Océano Índico provocó un tsunami que devastó el sudeste asiático, y se llevó las vidas de un cuarto de millón de personas. ¿Podía entonces el Proyecto de Consciencia Global predecir realmente el futuro?

Los cínicos precisarán, con absoluto derecho, que siempre hay algún suceso global que podría ser utilizado para “explicar” el momento en que las máquinas Huevo se comportan erráticamente. Después de todo, nuestro mundo está lleno de guerras, desastres y actos terroristas, así como las ocasionales celebraciones globales. ¿Están los científicos, simplemente, tratando de detectar duramente patrones a partir de sus datos en crudo?

El equipo tras el proyecto insiste que no. Ellos afirman que utilizando técnicas rigurosamente científicas y matemáticas avanzadas es posible excluir tales conexiones aleatorias.
“Estamos perfectamente dispuestos a descubrir que hemos cometido errores,” dice el Dr. Nelson. “Pero no hemos sido capaces de encontrar ninguno, y nadie más ha podido.” Nuestros datos muestran claramente que las posibilidades de obtener esos resultados por azar son de una entre un millón.

El Profesor Chris French, un psicólogo y famoso escéptico del Goldsmith College en Londres, dice: “El Proyecto de Consciencia Global ha generado algunos resultados muy intrigantes que no pueden ser desechados fácilmente. Estoy implicado en un trabajo similar para ver si obtenemos los mismos resultados. No hemos conseguido hacerlo aún, pero es sólo un experimento preeliminar. El jurado sigue reunido.” Aunque pueda parecer extraño, sin embargo, no hay nada en las leyes de la física que imposibilite ver el futuro.

Es posible – en teoría – que el tiempo no se mueva solo hacia delante, sino que también hacia atrás. Y si el tiempo actúa como el flujo y el reflujo de las olas del mar, podría ser posible prever grandes sucesos mundiales. Podríamos, en efecto, estar “recordando” cosas que han tenido lugar en nuestro futuro.

“Hay montones de evidencias de que el tiempo podría estar corriendo hacia atrás,” dice el Profesor Bierman de la Universidad de Amsterdam. “Y si es posible que suceda en la física, entonces también puede pasar en nuestras mentes.” En otras palabras, el Profesor Bierman cree que todos seríamos capaces de ver en el futuro, si pudiéramos acceder brevemente al poder oculto de nuestras mentes. Y hay un estremecedor grupo de evidencias para apoyar esta teoría.

El Dr. John Hartwell, trabajando en la Universidad de Utrecht en los Países Bajos, fue el primero en destapar evidencias de que las personas podían sentir el futuro. A mediados de los años 70, conectó a personas a un escáner médico de modo que pudiera estudiar sus patrones de ondas cerebrales. Comenzó mostrándoles una secuencia de viñetas provocativas. Cuando les eran mostrados los dibujos, las máquinas registraban las ondas cerebrales del sujeto mientras reaccionaban fuertemente a las imágenes que les mostraban. Esto era de esperar. Mucho menos fácil de explicar fue el hecho de que, en muchos casos, esos dramáticos patrones comenzaban a registrarse unos pocos segundos antes de que cada una de las imágenes fuese siquiera mostrada.

Era como si los casos estudiados por el Dr. Hartwell estuvieran de algún modo viendo el futuro, y detectando cuándo iba a ser mostrada la siguiente imagen impactante.

Era algo extraordinario – y aparentemente inexplicable.

Pero tuvieron que pasar otros 15 años antes de que alguien profundizara más en el trabajo del Dr. Hartwell, cuando Dean Radin, un investigador asentado en Estados Unidos, conectó a personas a una máquina que medía la resistencia de su piel a la electricidad. Es sabido que ésta fluctúa a la par con nuestras emociones – de hecho, es el principio que subyace bajo los detectores de mentiras.
Radin repitió los experimentos de “respuesta ante una imagen” del Dr. Hartwell mientras medía la resistencia de la piel. Nuevamente, la gente comenzaba a reaccionar unos pocos segundos antes de que fuesen mostradas las imágenes provocadoras. Esto era claramente imposible, o eso pensó, de modo que repitió los experimentos. Y obtuvo los mismos resultados.

“Yo tampoco lo creí,” dice el Profesor Bierman. “Así que repetí yo mismo el experimento y obtuve los mismos resultados. Estaba desconcertado. Después de esto empecé a pensar más profundamente en la naturaleza del tiempo.” Para hacer las cosas aún más intrigantes, el Profesor Bierman dice que otros importantes laboratorios han producido resultados similares, pero que aún no se han hecho públicos.

“Ellos no quieren ser ridiculizados, de modo que no publicarán sus resultados,” dice. “Así que estoy tratando de persuadir a todos ellos para que publiquen sus resultados al mismo tiempo. ¡Al menos eso hará que al repartirse el ridículo sea más leve!” Pero Si el Profesor Bierman está en lo cierto, entonces los experimentos no son materia de risa. Podrían ayudar a ofrecer una sólida base científica para extraños fenómenos como el “deja vu”, la intuición y todo un conjunto de otras curiosidades que todos hemos experimentado de vez en cuando.

También pueden abrir una posibilidad mucho más interesante – que algún día seamos capaces de realzar los poderes psíquicos utilizando máquinas que puedan “sintonizar” con nuestra mente subconsciente, máquinas como la pequeña caja negra de Edimburgo. De igual modo que hemos construido ingenios mecánicos para reemplazar la fuerza del músculo, ¿podríamos algún día construir un dispositivo para realzar e interpretar nuestras capacidades psíquicas ocultas?

El Dr. Nelson es optimista – pero no a corto plazo. “Podríamos ser capaces de predecir que va a ocurrir un gran suceso global. Pero no sabríamos exactamente qué sucedería o donde va a ocurrir,” dice. “Míralo de esta manera – aún no tenemos una máquina que podamos vender a la CIA.”

Pero para el Dr. Nelson, hablar de tales máquinas psíquicas – con el potencial de detectar catástrofes globales o amenazas terroristas – es mucho menos importante que las implicaciones de su trabajo en términos de la raza humana. Porque lo que sus experimentos parecen demostrar es que mientras que nosotros podemos operar como individuos, parece que también compartimos algo mucho, mucho más grande – una consciencia global. Algunos lo llamarán la mente de Dios.

“Nos enseñan a ser monstruos individualistas,” dice. “Estamos dirigidos por la sociedad para separarnos de los demás. Eso no es correcto”. Puede que estemos conectados mucho más íntimamente de lo que pensamos.”

Fuente: http://www.redorbit.com/news/display/?id=126649

http://noosphere.princeton.edu/results.html

http://www.gskbyte.net/2007/03/28/el-proyecto-de-consciencia-global/

http://noosphere.princeton.edu/

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Entrevista al Dr. Zancolli, Autor del Misterio de las Coincidencias https://medicinacuantica.global/?p=2238 Wed, 28 Jul 2010 08:37:19 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=2238

Me interesa el fenómeno de la sincronicidad porque lo descubrí en una época muy tumultuosa de mi vida.  Mi madre había fallecido un mes y medio antes de iniciar un viaje de trabajo a Las Vegas, Nevada.  Durante los 6 días que duró el viaje obtuve la respuesta que andaba buscando desde su fallecimiento a través de una serie «casuística» concatenada de señales y símbolos procedentes de personas y lugares que no había conocido antes.  La respuesta estaba relacionada con la última conversación espiritual que tuvo lugar entre las dos.  Me conmocionó indeciblemente pues viví el proceso como una simbiosis entre la descomposición que produce la catarsis y el éxtasis de la seguridad que produce saber que eres parte de una red conectada con fuerzas que escapan el ámbito de lo terreno.  Semanas más tarde de vuelta en España buscando libros para mi sobrina en un FNAC de Madrid cayó en mis manos, «El Misterio de las Coincidencias» del Dr. Eduardo Zancolli.  Fue el principio de una rica búsqueda sobre la sincronicidad, uno de los elementos más dinámicos del campo unificado.  Presentamos una entrevista realizada por Ima Sanchís a Eduardo Zancolli.     

«Tengo 50 anos. Nací y vivo en Buenos Aires. Soy traumatólogo especializado en cirugía de manos y hombros. Estoy casado y tengo dos hijas. Soy partidario de la democracia participada. Creo en la paz, en la preservación del medio ambiente y en un orden superior. Publico «El misterio de las coincidencias», editorial RBA.»  En el libro se refleja, a través de una investigación realizada por el psicólogo Arnold Mindel, que el Dr. Peat configuró un perfil de sucesos sincrónicos entre los que destaca que “estos sucesos están generalmente asociados con periodos de transformación; como por ejemplo, nacimientos, muertes, enamoramientos, psicoterapia, trabajo creativo intenso, como también cambios de profesión”. Se desprende de la afirmación anterior que las sincronicidades dependen sobremanera de los sentimientos, pues son los desequilibrios emocionales quienes movilizan nuestra alma. Los desequilibrios emocionales aparentemente movilizan nuestra alma pasando a cuestionar algunos o muchos de nuestros valores. Es entonces cuando las sincronicidades tienen propensión a aparecer trayendo la respuesta a dichos cuestionamientos, muchas veces en forma de símbolos. Pero me parece que en el fondo lo único que hacen dichos desequilibrios emocionales es cambiar el “dial” que estamos escuchando. Cambiamos de sintonía remplazando el lenguaje de la mente lógico-racional por el “lenguaje del alma”. Parece que el secreto está en dónde sintonizamos nuestra atención. En el libro se expone la observación que, aparentemente, sí logramos sintonizar con nuestra alma de manera natural, muchas veces no tendremos que pasar, previamente, por situaciones tan conflictivas.

-¿Qué gobierna nuestras vidas, la casualidad o la causalidad?

-La causalidad de la casualidad, la sincronicidad.

-¿Y eso qué es?

-Coincidencias con significado para la persona que las vive porque encajan perfectamente con su historia personal dando respuestas a dudas existenciales.

-¿Descarta el azar?

-Las coincidencias pueden tener que ver con la oportuna llegada de cierta información especial que no sabíamos cómo conseguir, o podemos pensar de repente en alguien que hace mucho que no vemos y, al día siguiente, topamos con él. Resulta demasiado improbable matemáticamente hablando, que haya sido consecuencia del azar.

– Póngame un ejemplo ilustre.

– Ya de joven, Abraham Lincoln sentía que debía ser algo más que un granjero de Illinois. Un día tropezó con un vendedor ambulante que atravesaba una época dificil y decidió ayudarle. Le compró un viejo barril lleno de objetos sin mirar el contenido.

-¿Y qué había?

-Quincalla y una colección de libros de derecho gracias a los cuales estudió hasta ser abogado y cumplir su célebre destino.

– ¿Cómo un médico se interesa por la sincronicidad?

– Todos nos cuestionamos qué hacemos aquí y si estamos en el camino correcto. Un día vino a verme un médico norteamericano para ofrecerme un negocio. Y gracias a una «bompa», un recipiente tibetano para el agua bendita, que él vio en mi despacho, acabamos hablando de su colaboración con el Dalai lama y acabé en el Tíbet.

– Puede ser una simple coincidencia.

– Un día antes de este encuentro mi mujer me dijo que sacara ese objeto de casa, que, por cierto, llevaba tres años en la misma estantería y nunca lo había visto. A partir de ahí, el cúmulo de coincidencias fue tal, que decidí investigar el tema.

¿Y?

-A diario nos suceden coincidencias, pero a veces se da una confluencia de sucesos que nos impactan y vemos y sentimos un significado en lo fortuito: son mensajes con significado. A este tipo de coincidencias el psicólogo suizo Carl Jung lo llamó sincronicidad.

-¿Y quién envía esos mensajes?

– Se ha podido demostrar en diferentes ámbitos de la ciencia que existe un orden superior con propósito que, por ejemplo en física cuántica, produce estados superpuestos.

– ¿Qué es eso?

-En este momento estamos compartiendo un mismo estado que nos liga para siempre. Dentro de tres años, en el otro extremo del mundo, yo podría acordarme de usted y a los dos minutos usted llamarme.

– ¿Esto es científico?

– Si dos simples partículas han compartido un estado único, luego, aunque estén aleja-das la una de la otra, resulta que si medimos su velocidad, coincide. Vivimos en un universo que se comunica instantáneamente a una velocidad superior a la de la luz

– ¿Qué demuestra eso?

– Que hay una danza subyacente a todas tas partículas subatómicas, esas que constituyen la base de todo el universo, visible y no visible. Con ese descubrimiento Pauli ganó el premio Nobel de Física.

-El batir de las alas de una mariposa en Pekín…

-… Puede causar un tomado en Texas. Todo está interconectado, todo está en todos lados, hay un orden más allá del caos.

– ¿Y ese orden nos dirige?

-La ciencia reconoce el fenómeno pero nadie entiende todavía el sentido. Todos los estudiosos coinciden en que cuando ciertas cosas son atraídas repentinamente hacia nosotros de maneras muy sorprendentes comienza a operar una estructura de causantes subyacentes.

– ¿Como un conjunto de fuerzas?

– -Si, como si estuviésemos rodeados por un campo magnético en el que los alinearan automáticamente respondiendo a un nivel de causalidad más sútiL

– ¿Y todo eso para qué?

– la sincronicidad nos ayuda a elevar nuestra conciencia, a evolucionar

– ¿Como la teoría del escarabajo de Jung?

– No.  Había una paciente que todas las noches soñaba con escarabajos. Mientras se lo explicaba a Jung oyeron unos golpecito en la ventana, era una especie de escarabajo que no existía en esa región. Jung investigó su simbologìa y curó a la paciente. De la misma manera, la historia de los grandes descubrimientos está tejida a base de casualidades.

¿Cómo podemos atraer la sincronicidad en nuestras vidas?

-Hay que dejarle espacio para que se puedan manifestar y darle valor al pensamiento intuitivo. Suelen aparecer en períodos de transformación: muertes, enamoramientos, psicoterapia, trabajo creativo, situaciones que nos sacan de la rutina hacen replanteamos los valores. Una vez un maestro espiritual me preguntó: – ¿Qué hace usted por usted?».

-Buena pregunta

– «Regálese una hora diaria para salir, caminar sin destino, estar abierto para lo que no tiene programado», me aconsejò

– -¿Y si no entiendo el mensaje?

-El significado de las sincronicidades tiene que encajar con nuestra historia personal. Si tropieza repetidas veces con un objeto, una situación, o las cosas empiezan a encajar sin esfuerzo, ponga atención, conviértase en el detective de las pistas y acabarán llevándole a algún lugar

FUENTE: http://elladocorrectodelahistoria.blogspot.com/2010/02/la-sincronicidad-en-nuestras-vidas.html

http://www.sincronicidad.org/entrevistas.htm

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¿Somos Todos Hologramas? https://medicinacuantica.global/?p=2124 Tue, 06 Jul 2010 19:24:16 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=2124 hologram

Hace algo más de una década, dos encumbrados físicos cuánticos propusieron el principio holográfico que significa que todo en nuestro universo existe en los límites del universo. Hoy, el ruido estático detectado con instrumentos físicos sofisticados pueden probar que tienen razón.

El principio holográfico dice que toda la información contenida dentro de un volumen se correlaciona con información contenida en la superficie, en otras palabras, la cantidad total de información que un espacio puede contener está definida por el área de la superficie y no por su volumen. Esta noción contra-intuitiva es exactamente lo que pasa cuando tratamos de calcular la entropía en los agujeros negros, convirtiéndose así en uno de los argumentos a favor de este principio.

Un informe reciente aparecido en The New Scientist, indica que el detector de gravedad alemán GEO600 ha estado detectando un “ruido” extraño. Este extraño ruido ha sido explicado por el director del laboratorio Fermilab´s de Partículas Astrofísicas, Craig Hogan como el posible resultado de que nosotros estamos viviendo dentro de un tipo de universo holográfico.

En el principio holográfico, la información contenida en el límite de la superficie del espacio están las proporciones dimensionales de Plack. Hogan se dio cuenta que si este límite define el número total de “bits” de información que el espacio contiene, entonces cada bit individual dentro del espacio tendría que ser mayor que las medidas de Plank. En esencia, el universo holográfico está “nublado” en comparación con la superficie.

Y una unidad de espacio-tiempo nublada puede ser potencialmente explorada por los experimentos (al contrario que las unidades de espacio-tiempo de medida de Planck, las cuales se encuentran fuera del rango de las mediciones que se pueden hacer hoy en día con nuestra tecnología). Predijo que el GEO600 sería capaz de detectar algún tipo de disturbio debido a esto…y encontró que ya han empezado a detectar este problema.

Esto pone la misión del GEO600 en peligro (el ruido puede prevenirles de detectar las ondas de gravedad para las que estaba diseñado) pero permitiría lo que es incluso un descubrimiento mucho más profundo -el potencial para primero detectar los granos más pequeños del propio espacio-tiempo-. SI esto resulta ser el “ruido holográfico”, entonces podría ser un paso crucial hacia determinar una teoría correcta de la gravedad cuántica.

Traducción:  Marisa

FUENTE: http://physics.about.com/b/2009/01/16/are-we-all-holograms.htm

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El Experimento Más Bello de Toda la Historia https://medicinacuantica.global/?p=2110 Wed, 30 Jun 2010 12:28:09 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=2110

En 2002 se hizo una encuesta entre los lectores de la revista Physics World para votar el experimento más bello de toda la Física (The most beautiful experiment).

Ganó la encuesta el experimento de Young de la doble rendija para mostrar la naturaleza dual onda-partícula del electrón de la MECÁNICA CUÁNTICA (The double-slit experiment).

He visto varias realizaciones del experimento pero en mi opinión la que mejor lo ilustra es la realizada por Akira Tonomura y sus colaboradores de Hitachi en 1989. Aquí tenéis el vídeo de youtube.

REFERENCIAS:

http://physicsworld.com/cws/article/print/9746

http://physicsworld.com/cws/article/print/9745

FUENTE: http://www.cuanticamania.com/2009_11_01_archive.html

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Los Agujeros Negros No Son Tan Negros… https://medicinacuantica.global/?p=1979 Thu, 10 Jun 2010 20:50:46 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=1979

Los neurofisiólogos han descubierto que durante el sueño el hemisferio izquierdo del cerebro está adormecido, mientras que el hemisferio derecho toma el mando de las operaciones.

El hemisferio izquierdo es el que razona, piensa, se acuerda de dónde ha aparcado el coche, comprende que para beber hay que acercar el vaso a la boca y no a la oreja. En cambio, el hemisferio derecho capta otra clase de información, es imaginativo, «espiritual» -cualquiera que sea el grado de espiritualidad que tengamos-.

Los neurofisiólogos han comprobado que durante el día aunque tengamos la sensación de permanecer despiertos, experimentamos con regularidad un estado alterado de conciencia. Lo demuestran los electroencefalogramas, con las variaciones de los trenes de onda que nuestro cerebro emite, incluso cuando estamos despiertos.

Así que no tenemos un cerebro, sino dos: un hemisferio derecho y un hemisferio izquierdo, unidos entre sí por un puente (cuerpo calloso). Cada uno tiene unas funciones que parecen muy concretas aunque distintas. El cerebro derecho es la sede de la función creativa, imaginativa, del ser. Por ejemplo: los genios de las Artes adoptan a menudo una conducta que a la gente común le resulta «rara», porque utilizan con mayor frecuencia el hemisferio derecho, que capta una realidad distinta a la común, y no razonan con los mismos patrones que utilizan los demás.

Los místicos hacen lo mismo y algunos son santificados, pasando a ser objeto de culto -a veces supersticioso- en lugar de servir como ejemplo. Los niños, con su inocencia y sencillez, tienen a menudo percepciones raras: «amigos invisibles» con los que juegan y hablan, etc.; pero la mayoría no se atreve a decirlo para no ser marginados del grupo al que pertenecen. Incluso llegan a sentir miedos inexplicables.

En 1982, Nancy Bush llevó a cabo una investigación en los Estados Unidos (Brain Mind; Vol. X, núm. 16) donde revela que niños con edades comprendidas entre los nueve y los once años utilizan más el hemisferio derecho. Estos estudios han demostrado que un 12% de ellos percibían claramente unos colores que se movían alrededor de las personas (¿auras?). Aunque el 12% no representa un porcentaje muy alto, es una cantidad a nivel estadístico suficientemente significativa como para no tener que considerar a estos niños como casos aislados.

El cerebro es, pues, un órgano que principalmente percibe a través de los dos hemisferios, pero clasifica y analiza sólo con el hemisferio izquierdo, como si estuviese programado como un ordenador. El otro hemisferio parece no poseer un programa similar. El sector izquierdo se refiere al pasado y analiza las experiencias presentes comparándolas con experiencias anteriores para poderlas clasificar (racionaliza, hace cálculos, conduce el coche, cada día nos manda ir a trabajar, etc.); el derecho imagina, capta lo «nuevo», lo «desconocido», su visión es mucho más amplia que la del hemisferio izquierdo, casi como si escapara del espacio/tiempo común.

Parece lógico deducir que existen dos mundos (dos universos) distintos: uno real y otro imaginario o virtual que pueden ser percibidos alternativamente, o a la vez, por los dos hemisferios.

Por otro lado, la existencia de universos paralelos al nuestro ha sido confirmada por la física actual.

Nuestra sociedad nos ha llevado, desde hace siglos, a privilegiar el cerebro izquierdo, en detrimento del derecho, con resultados bien negativos desde el punto de vista humano. Quiero decir que seguimos teniendo una visión y un concepto fragmentarios de la realidad y, bajo mi punto de vista, ésta es la causa principal que nos lleva de la incertidumbre al sufrimiento, ya sea psíquico o físico.

Si anteriormente la sociedad estaba avasallada por la autoridad religiosa, posteriormente ha sido esclavizada por el pensamiento científico. Actualmente, por fortuna, estamos ante un proceso distinto que aún no ha entrado en su fase más álgida; la ciencia y la religión, durante muchos siglos enfrentadas entre sí, ya no lo están. Las distancias entre ellas, para algunos científicos de vanguardia y para muchos terapeutas, se han reducido tanto que parecen casi inexistentes. Ciencia y Religión tienen el mismo objetivo: mejorar las condiciones de vida de la humanidad en este espacio-tiempo.

Hasta finales del siglo XVII, los científicos afirmaban que el problema de la vida era muy simple: el mundo mineral, vegetal y animal existente había sido creado tal y como ellos lo veían, o sea, no había habido ningún cambio desde el principio de los tiempos. Prevalecía la concepción aristotélica del universo, incluso Cuvier (fundador de la anatomía y de la paleontología) enunció la teoría del «fijismo», admitiendo la inmutabilidad de las especies vegetales y animales.

Cuando Copérnico, Giordano Bruno, Kepler y, finalmente Galileo avanzaron en sus hipótesis, sustentadas por observaciones empíricas, se vinieron abajo las visiones de Aristóteles y Ptolomeo.
Todo el mundo sabe cómo aquellos genios fueron perseguidos en su época. Su delito fue intentar deshacer esquemas y paradigmas adquiridos por la sociedad de entonces. Fueron los precursores del pensamiento moderno y por ello se denomina a la época en la que vivieron «la era de la revolución científica».  Otros dos grandes genios, Descartes y Newton, sellaron definitivamente esta era.

Hoy en día, con los descubrimientos de la física cuántica, es lícito preguntarse: ¿cómo puede ser cierto un conocimiento si uno de sus cimientos es el «principio de incertidumbre» de Heisemberg? Al anclarse en el postulado cartesiano, la ciencia moderna mecanicista y materialista se ha extraviado; no obstante, la mayoría de la gente sigue aún sus criterios.

Las matemáticas de principios del siglo XX nos han demostrado que no existe una verdad absoluta en este espacio/tiempo y, hoy en día, los físicos nos siguen demostrando en qué medida nuestros conceptos son limitados. A pesar de esto, la gente sigue estando convencida de que sólo el método racional y analítico de connotación cartesiana, el experimental, es el único válido para comprender la realidad que nos rodea y de la cual nosotros mismos formamos parte.

Toda la ciencia, hasta el siglo XIX, no es más que el fruto de la visión cartesiana del mundo, que explica todo a través de la mecánica de Newton. Esta concepción se aplica a la química, a la biología, a la psicología, a la medicina e incluso a las ciencias sociales, dejando para luego (¿cuándo?) las preguntas que no tienen respuesta.

Sólo a finales del siglo XIX, con el descubrimiento de los fenómenos electromagnéticos de Faraday y Maxwell, se pusieron en evidencia los límites del «mundo-máquina» newtoniano. Se demostró el concepto de campo de fuerza, lo cual implicaba evolución y cambio.

Por lo que concierne a las ciencias naturales, a finales del siglo XVIII, Lamark dijo que los animales adaptan la forma y la función de sus órganos a las necesidades del ambiente. Su obra fue acogida con cierta indiferencia.

Mientras, la teoría de Darwin obtuvo inmediatamente un éxito notable.

Darwin habló de la competencia universal entre las especies vivas para explicar la selección natural. Y si en un principio admitía la intervención de una Mente Superior en la creación de los organismos primitivos, luego, impulsado por Huxley -uno de sus discípulos-, escribió el libro sobre la ascendencia animal del hombre, prescindiendo de cualquier intervención divina y haciendo caso omiso del anhelo espiritual del ser humano. La visión darwiniana ha condicionado el pensamiento biológico de los años posteriores.

Al mismo tiempo, la física clásica postulaba el concepto de entropía: el conjunto del universo tiende hacia un estado de desorden total y no sólo se ralentiza cada vez más, sino que al final se parará. Es evidente la contradicción entre el postulado de los físicos y el de los biólogos evolucionistas, que afirman que la vida evoluciona hacia un orden cada vez más complejo.

De todas maneras, tales contradicciones se harán evidentes sólo en el siglo actual con los descubrimientos de la estructura atómica de la materia y el principio de la relatividad. Desde Einstein (teoría de la relatividad), Plank (paquetes de energía), Bohr (modelo atómico y onda de probabilidad u onda cuántica) y Luis de Broglie (onda materia) se llega al año 1927, en el que tiene lugar el famoso congreso llamado Interpretación de Copenhague, realizado en Copenhague, donde se formula la nueva física como concepción coherente del mundo: la física cuántica (la palabra «cuanto» fue acuñada por Einstein). Al año siguiente, Paul Dirac presentó su trabajo sobre la antimateria.

Nada en la ciencia volvería a ser como antes. Sin embargo, aún hoy tenemos a los científicos divididos en dos bandos enfrentados entre sí: por un lado, los deterministas y, por el otro, los probabilistas.

Todos los descubrimientos que impliquen una revolución total de los esquemas adquiridos se tienen que enfrentar con unas resistencias tremendas. Sirvan como ejemplo Giordano Bruno, fue quemado en una hoguera y Galileo, encerrado en la cárcel. Por fortuna, aquellos métodos ya no se practican. Los adversarios se conforman con ridiculizar a los innovadores o a cubrirles de indiferencia.

No obstante la imperiosa demanda de espiritualidad por fin ha llegado a dar un gran empujón a la Ciencia.

En 1976, el físico francés Jean Charon elabora en la Universidad de Princeton su teoría de la «relatividad compleja», en la que añade a la dimensión espacio/tiempo, la dimensión de lo «imaginario» y/o «espiritual». La suya es una teoría científica muy interesante porque no nos hunde en el pesimismo de «las probabilidades y sus ondas», ni siquiera nos pone en el obtuso marco del determinismo mecanicista. Lo «imaginario», para no incurrir en malos entendidos, es todo aquello que en matemáticas se expresa a través de números imaginarios.
Por ejemplo, la raíz cuadrada de menos cuatro es un número imaginario, y ningún matemático dejaría de tenerlos en cuenta en sus cálculos, pues no acertaría con el resultado.

Antes de resumir brevemente la teoría de Charon hay que hacer hincapié sobre un concepto bien preciso. Además de nuestro universo, aquél que podemos explorar sirviéndonos de nuestra racionalidad y de la capacidad perceptiva del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro, la física actual admite la existencia de otros universos distintos y «paralelos» al nuestro. Jesús dijo: «En la casa del Padre hay muchas mansiones». Me parece evidente que la ciencia actual afirma lo mismo.

Desde Stephen Hawkins, y su teoría sobre los agujeros negros, hasta David Bohm, la existencia de distintos universos está ampliamente demostrada. Pero, ¿cómo podemos comprender un hecho que escapa de nuestra lógica corriente? Hay dos formas: una es la fe, la otra es la que nos enseñó Santo Tomás (la experimentación). Puesto que la fe no parece ser suficiente para sacar al ser humano de su incertidumbre y sufrimientos, tenemos la posibilidad de seguir el ejemplo de Santo Tomás, que bien podría ser el «protector» de los investigadores, y «experimentar».

En la presente obra hay unos cuantos ejemplos de cómo llevar a cabo dicha experimentación.

Hay que tener presente que en la realidad en la que vivimos hay «objetos» que se pueden medir y otros que no. Los que se pueden medir obedecen a las leyes de la física clásica newtoniana; los que no (partículas subatómicas) no sólo no obedecen a dichas leyes, sino que más bien las contradicen. Estos últimos, aunque no se puedan medir ni ver, desatan unas fuerzas que son perfectamente medibles y determinan los llamados «campos de fuerzas». Puesto que ha sido aceptada su existencia es lógico deducir que vivimos inmersos en dos mundos (universos) distintos que se compenetran: uno «real» y otro «virtual». Esto es así porque a los «objetos» que no se pueden medir se les ha dado también el nombre de «partículas virtuales», entre las que se encuentran los fotones (spin 1), los gravitones (spin 2), etc. El spin es la rotación de una partícula sobre sí misma, como si fuera una especie de peonza. El desafío de los físicos de hoy en día es descubrir cómo se pueden conciliar estas dos realidades, o sea, cómo enunciar y demostrar una «Teoría Unificada» que explique de manera coherente y rigurosa unos hechos que parecen chocar entre sí.

Jean Charon formula en 1976 su teoría de la «relatividad compleja», según la cual la «luz original» sería la única realidad existente en el universo.

Mucho antes, Newton había hablado de dos luces: una «fenoménica», visible, física, material, o sea, la luz de «fuera»; y otra «invisible», «divina», que hoy se llamaría virtual.

Jesús dijo: «Yo soy la luz». Otros Maestros han hablado, a través de símbolos, de la misma manera y se les ha llamado «iluminados».

Hoy, a esas dos clases de luz se les llama conjunto de «fotones» y de «antifotones» (aunque la antipartícula de una partícula virtual sea la partícula misma). Charon explica que nuestra realidad no tiene sólo cuatro dimensiones: largo, ancho, profundo y espacio/tiempo (determinada por el campo gravitatorio de la Tierra), sino ocho. Es decir, cada una de las cuatro anteriores está desdoblada en dos partes: una «real» y otra «imaginaria» o «virtual». Por lo tanto, existimos en un universo de «fuera» y en un universo de «dentro» (téngase en cuenta que el spin del electrón es ½). El universo de «dentro» es el que el lenguaje común llama «espíritu» o «luz divina». Para este físico, el conjunto de los electrones (con sus antiparticulas) y de todas las partículas virtuales que los acompañan, existentes en un ser humano, constituye su parte espiritual, su alma inmortal. Un electrón, según el modelo atómico de Bhor, es una pelota muy pequeña que rueda alrededor del núcleo del átomo, mucho más grande, en la que hay otras partículas: protones y neutrones. A través de los aceleradores de partículas (aparatos de los que se sirven los físicos en sus investigaciones) se ha experimentado que un protón rebota de manera «normal» cuando choca con un neutrón, según las leyes mecánicas. En cambio, cuando es un electrón el que choca contra un neutrón sigue su ruta con tan sólo una ligera desviación. Quiero decir que, mientras en el primer caso el choque se manifiesta como si fuera una interacción entre dos puntos materiales de dimensiones muy pequeñas (casi nulas), en el segundo, el electrón se comporta como una especie de fantasma que pasa a través de la materia.

Según el criterio común que tenemos del espacio, el electrón es un punto sin forma ni dimensión y por esta razón se le llama «partícula-onda», porque es a la vez la una y la otra.

En la Teoría de la relatividad compleja, Charon compara el electrón a un microagujero negro. Los billones de billones de electrones que tenemos en todos los átomos de nuestro cuerpo serían otros tantos agujeros negros.

Voy a contar en pocas palabras lo que son los agujeros negros de los cuales todo el mundo ha oído hablar, aunque no todos sepan de qué se trata.

Cuando una estrella llega al final de su vida, es decir, cuando se están terminando las reservas de material a su disposición para que se produzca la «fusión nuclear»que da lugar a la emisión de luz y de calor, su volumen se encoge, mientras que su rotación alrededor de su eje se vuelve cada vez más rápida en el intento de luchar contra la atracción gravitatoria que la llevaría a encogerse más hacia su centro. Aunque se haya encogido hasta el punto de que su radio sea de unos pocos kilómetros, sigue teniendo la misma masa, o sea, la misma cantidad de materia que la estrella de antaño, que pudo haber sido incluso más grande que nuestro Sol. Esto conlleva que el espacio de su alrededor, o sea, la «red» de la que he hablado al principio del capítulo, se doble cada vez más. Cuando la curvatura es demasiado pronunciada, el espacio se encierra en sí mismo, aislando completamente del exterior la estrella moribunda. Se forma, pues, una especie de bolsa flotante en el espacio interestelar con una densidad tremenda y, por consiguiente, en su interior se desarrolla una fuerza de gravedad tal que ni siquiera la luz puede escaparse de ella. En el cielo se ha formado un agujero negro donde el espacio se ha reducido de tal manera que si fuéramos allí como visitantes solamente nos podríamos mover adelante y/o atrás en el tiempo. Si esta bolsa flotante despegara del universo que conocemos, podría convertirse en un nuevo universo en expansión.

Así puede que haya nacido nuestro universo, que en principio habría sido un agujero negro y que actualmente está aún en expansión.

agujero negro
Foto: Agujero negro real tomado de base de datos de Harvard University

Como el agujero negro, también el electrón es invisible a una observación directa y además «vive» en un espacio/tiempo invisible (Principio de Heisemberg).

Por lo tanto, según Charon, el electrón sería una pequeña bolsita llena de luz con una radiación electromagnética, formada de gas, de fotones y neutrinos de masa cero (la masa es la cantidad de materia de un cuerpo; si la cantidad es cero, el cuerpo es «inmaterial»).

Según el físico francés, los fotones («partículas de luz»), en el espacio/tiempo del interior de los electrones, intercambian informaciones con el exterior a través de distintas maneras: intercambiando sus impulsos de velocidad con los fotones del mundo exterior o intercambiando su estado de spin.

El electrón repleto de fotones (de luz) es portador, según Charon, de una conciencia y de un espíritu cuyas propiedades son: conocimiento, amor, reflexión y acto. Él les llama «eones» (electrones cargados de memoria), que serían los constituyentes del tejido del universo y la substancia del espíritu del hombre.

En efecto, el físico francés transporta la física hacia una psicofísica. Bajo mi punto de vista, es justamente lo que necesitamos si queremos investigar de forma más coherente y concreta los problemas psico-físicos que acechan en nuestra vida cotidiana.

Charon, a través de su física de vanguardia, expresa la idea de que todo nuestro espíritu, es decir, todos nuestros pensamientos conscientes e inconscientes, están contenidos en el interior de ciertas «partículas de materia». Tales partículas invisibles, y a la vez perceptibles, constituyen en su conjunto el «alma» del hombre, que se mueve continua y eternamente en el tiempo a través de «experiencias vividas» guardando su inmortalidad.

El pensamiento de Charon es acogido con prudencia por los medios científicos, aunque muchos investigadores opinen que constituye una aproximación muy interesante a la realidad del espíritu en la materia. Es sabido que cada generación ha tratado de utilizar la ciencia para demostrar o negar la existencia del espíritu o del alma, como se le quiera llamar. Actualmente estamos en unas condiciones tales que sólo nos permiten recurrir a la fe o apartar el problema sin pensar en ello. No obstante, los hallazgos de los científicos de vanguardia están cada vez más de acuerdo con los de los místicos.

El físico Arthur Edington, que ha escrito ensayos místicos, no prevé por el momento que la física tenga posibilidades positivas para las creencias religiosas, aunque esta afirmación forme parte del escepticismo pesimista que caracteriza nuestra época. De todas maneras, los investigadores de vanguardia aportan cada vez más a sus trabajos de investigación una óptica distinta, espiritual, y enuncian unas teorías sorprendentes para los científicos «tradicionalistas».

Dijo Mark Plank: «Es mejor esperar la muerte de tu adversario que intentar convencerle», lo cual me parece bastante sensato, aunque se pueda percibir que el camino hacia una nueva manera de entender las cosas está a la vuelta de la esquina. Los científicos de vanguardia nos van abriendo puertas hacia nuevos horizontes mucho más alegres y reconfortantes.

El biólogo Rupert Sheldrake, en su teoría de la «causación formativa», afirma que la información puede circular entre los animales sin que ellos hayan tenido ningún contacto entre sí y aunque se encuentren a cientos de kilómetros de distancia. (A new Science of life, 1981).

El matemático sudafricano Ved Sewjatan va más allá de la teoría de la relatividad de Einstein, que sostiene que la velocidad de la luz no puede ser superada, y demuestra a través de sus cálculos la existencia de una velocidad «supralumínica».

Además, no solo trata de disipar la idea tan extendida de que un objeto que viaja más rápido que la luz se desplaza hacia atrás en el tiempo con una masa negativa sino que asegura que existen una infinidad de universos que se desplazan hacia adelante en el tiempo, hacia el futuro (Ved Sewjatan, Brain Mind bulletin).

Por otro lado, la idea de que algo pudiese desplazarse más rápido que la luz lo habían supuesto los científicos desde hacía tiempo. Ya en 1967, el Teorema de Bell anunciaba que cuando dos partículas gemelas se separan y se alejan la una de la otra a distancia indeterminada, si se produce un cambio en una de ellas -por ejemplo, a través de un impulso electromagnético-, se da el mismo cambio de forma simultánea en la otra, que no ha sido solicitada. Es decir, que a pesar de la distancia que las separa permanecen íntimamente unidas, como lo demuestra el hecho de que la información entre las dos puede circular a una velocidad muy superior a la de la luz.

Es evidente que la teoría de la información, que asegura que ésta viaja a una velocidad supralumínica, y la que habla de universos en los cuales el tiempo se desplaza hacia el futuro con dicha velocidad, podría explicar ciertos fenómenos «paranormales», como la telepatía y los sueños premonitorios.

El Teorema de Bell, demostrado matemáticamente, llega a la conclusión de que si la predicciones estadísticas de la física cuántica son correctas, y lo son, porque han sido ampliamente demostradas, entonces, ciertas ideas convencionales sobre la realidad del universo, dependientes de lo que hoy llamamos sentido común, son gravemente erróneas. En 1972, Clauser y Freedman, de la Universidad de Berkeley en California, no sólo descubrieron a través de la experimentación que las previsiones de Bell eran exactas, sino también qué era lo que conectaba las dos partículas y lo llamaron «onda cuántica», que se desplaza más rápidamente que la luz. La «onda cuántica» es el eslabón entre nuestro espíritu y el mundo físico. Este «cartero» también recibe el nombre de «onda de probabilidad», porque una de sus propiedades esenciales es la de señalar cuándo y dónde se puede producir un acontecimiento Y además puesto que se desplaza en el espacio/tiempo, quiere decir que no se halla sólo en nuestros «espíritus», sino también fuera, en el mundo que nos rodea.

La ciencia descubre el alma.
© Dra. Clementina Lozzi
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FUENTE: http://www.lucesenlaoscuridad.es/articulos.php?elemento=1101

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La Física Cuántica es el Resultado del Movimiento Holístico del Orden Implicado https://medicinacuantica.global/?p=1996 Tue, 08 Jun 2010 07:21:15 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=1996

Con la aparición del inolvidable profesor David Bohm se llega al tramo fundamental de la revolución cuántica. Se trata ni más ni menos que de la reaparición del humanismo y de las ciencias no exactas dentro del mundo de la física, algo insólito que había estado ausente de esta vida probablemente desde los días de Galileo.

David Bohm, experto en teoría cuántica, descubridor del efecto Bohm-Aharonov y colega de Einstein en Princeton, es uno de los pensadores más revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX. Su espíritu siempre joven le ha conducido a reformular el modo de comprender la naturaleza cuántica del mundo, con vistas a atender una realidad fenomenológica mayor, el psiquismo, que trata de explicar en sus últimas investigaciones. El conjunto de su obra ofrece una cosmovisión coherente, rica y dinámica, que integra la conciencia en una unidad de energía, mente y materia. Para Bohm, desde un punto de vista religioso, la conformación de un estado cerebral cuántico tras la acción de fuerzas no-locales, permitiría explicar la experiencia mística como la acción directa de la mente cósmica sobre una mente individual. Es un pensador con espíritu libre, capaz de captar la realidad holística del ser tal y como refleja en su obra póstuma The Undivided Universe, publicada en 1993. La muerte le sorprendió retocando el manuscrito final.

Para empezar con Bohm, digamos que su singular importancia radica en que volvió a hacerle caso a Einstein, en contra de la corriente que se había establecido contra el sabio alemán, y comenzó a buscar las famosas “variables ocultas” que el profesor sugirió pudiera haber en las ecuaciones de Schrödinger. Pero muy a su manera. Nadie se había atrevido a tocar las ecuaciones de Schrödinger, pues ni el mismo autor las entendía y hasta el día de hoy constituyen verdaderos diamantes del conocimiento humano. Son sólidas, aparentemente inmutables. Bohm, sin embargo, se atrevió a intervenirlas a fondo hasta encontrar en ellas una de las famosas “variables ocultas” que sugeriría Einstein, y enfocó en forma muy novedosa las extrañas ecuaciones.

Cuando Bohm enunció estos enfoques, ya John Bell, Alain Aspect y sus colaboradores, y docenas de ingenieros y físicos más habían logrado demostrar que en un sistema “normal” de la vida, es decir, un sistema o situación que se pueda describir con la física clásica incluida la de Einstein, es imposible que existan variables ocultas que se acomoden al enfoque cuántico. Como quien dice – corto y bueno -, la Teoría Cuántica es correcta, mi querido profesor Einstein, y Ud., con todo respeto, está equivocado en este punto.

En física contemporánea a las cosas “normales” se les llama “locales”, es decir, son cosas que se explican con la física tradicional y llegan hasta las teorías de Einstein. Están aprisionadas también por la “barrera de Einstein”, la velocidad de la luz. Todo lo que vaya más allá de Einstein, incluida la cuántica, se denomina “no local”.  Bohm se puso a buscar variables ocultas en las zonas cuánticas y misteriosas de la vida, en las zonas donde uno y las cosas existimos antes de que nos colapsen, ¡y el maestro David Bohm encontró en ese escenario cuántico las variables ocultas que reclamaba Einstein!

Einstein tuvo pues razón respecto de que a la cuántica le faltaba algo. Pero este faltante no resultó ser de la manera como él se imaginaba, no resultó ser un faltante del mundo “real” y objetivo, o colapsado, sino que resultó ser un faltante, y bien grande, proveniente de la misteriosa zona cuántica de los universos, del vacío cuántico, del holograma universal inaprensible. Bohm denominó a este monumental hallazgo “Potencial Super Cuántico” u “Onda Piloto”, un “artefacto” considerado por muchos una bestia enteramente devastadora en el sentido filosófico y científico.

¿Pero qué le sucedió a la cuántica después de que Bohm la intervino tan a fondo? Nada en absoluto.  Analicemos su teoría a grandes rasgos en este post.

Nuevos horizontes

Es la obra final de un físico heterodoxo, consciente de la necesidad de abrir nuevos horizontes en las ciencias físicas para ofrecer una visión más completa y consistente de la experiencia psíquica. Se trata de la obra de madurez que, desde la base de su archicomentada teoría de variables ocultas (1952), da consistencia matemática a sus ideas físico-metafísicas relacionándolas con el fenómeno de la conciencia.

En este artículo analizamos el pensamiento de conjunto de David Bohm en torno al fenómeno de la conciencia. Al carecer de un modelo concreto y pautado de la conciencia, el alcance de su obra sólo puede contemplarse tras haber explicado y relacionado aspectos conceptuales sobre física, matemática, metafísica y psiquismo.

Es en la confluencia de estos frentes del pensamiento donde Bohm encuentra una propuesta ontológica que explica la conciencia como una mente individual, unificada por acciones físicas no-locales, que se mantiene unida a una mente cósmica.

El orden implicado y el orden explicado

La característica fundamental del pensamiento de Bohm es la unidad múltiplemente conexa de la realidad. El mundo físico posee una estructura dinámica que produce la enorme diversidad de seres y fenómenos que constatamos por los sentidos. Es un sistema plural en continuo cambio que, sin embargo, goza de un substrato interno que lo sustenta, rige y unifica.

El conjunto de fenómenos físicos, biológicos y psíquicos que acontecen en la realidad sensible y perceptible conforman el orden explicado de Bohm. Es la realidad temporal que los físicos describen mediante cuatro interacciones fundamentales. Por tanto, el orden explicado está constituido por el conjunto de sucesos susceptibles de comprobación experimental por alguna disciplina científica.

Este orden explicado carece en sí mismo de una razón suficiente de ser. Se trata de un orden contingente de la realidad que, sometido a las leyes de causa-efecto, no puede últimamente explicarse a sí mismo. Es una realidad dada y limitada por su dimensionalidad temporal. Hablamos del continuo devenir donde se han dado la materia física, la vida y el psiquismo.

La causalidad en física cuántica

Con sólo 35 años, Bohm escribió un tratado de teoría cuántica que llamó la atención de Einstein, su colega en la Universidad de Princeton. En Quantum Theory no hay ninguna alusión a variables ocultas ni a fenómenos no locales. Bohm lo escribió fielmente en conformidad con la doctrina de Bohr. Fue tras dialogar con Einstein –quien ya en 1935 había publicado su gedankenexperiment de acciones no-locales– cuando Bohm publicó sus polémicos artículos sobre variables ocultas: A suggested interpretation of the quantum theory in terms of hidden variables (1952). En el primero de los dos agradece la colaboración de Einstein.

En estos dos artículos del Physical Review, Bohm se distancia epistemológicamente de la interpretación de Copenhague acerca de la función de onda de un sistema cuántico. Niels Bohr desatiende los procesos físicos que subyacen al resultado experimental obtenido en un aparato de medida. El fenómeno científico es un epifenómeno que no debe ser explicado por causas subyacentes. Tan sólo es legítimo describir estadísticamente un sistema a partir de su función de onda y aceptar el salto cuántico que demarca el antes y el después de la medida.

Con su postulado de elementos de realidad adicionales, Bohm pretende construir un modelo causal explicativo de los sucesos cuánticos. El uso estadístico implícito en la cuántica de Bohr no es algo inherente a la propia realidad sino, más bien, a nuestro desconocimiento de las hipotéticas variables ocultas.

El holomovimiento causal

En La totalidad y el orden implicado detalla una construcción metafísica de la estructura ontológica de la realidad. Tras renovar los cánones epistemológicos de las teorías clásica y cuántica, Bohm se adentra en las profundidades de la realidad que hacen aflorar los objetos cuánticos y su manifestación macroscópica.

La teoría de variables ocultas conduce a un estrato de actividad cuántica causal, fluctuante e incontrolable. Es el hábitat natural de las partículas cuánticas sometidas a complejos campos cuánticos que producen su extraño comportamiento físico.

En este frenesí de dinamismo cuántico emergen las estructuras estables e individualizadas del régimen clásico. La acción dinámica conjunta de esta actividad cuántica genera el orden clásico de los fenómenos físicos, biológicos y psíquicos.

Más allá de lo cuántico Bohm se cuestiona el fundamento ontológico de su teoría de variables ocultas. El orden campal cuántico es consecuencia del dinamismo esencial de un substrato subcuántico. La física cuántica es el resultado del movimiento holístico del orden implicado.

Los fenómenos como estructuras

Lo físico, el orden explicado, es el producto consecuente al desdoblamiento de una actividad primordial plegada en un orden ontológico primario. Los fenómenos son las estructuras, más o menos individualizadas, que han surgido tras el despliegue ordenado de un orden implicado campal y holístico.

En síntesis, toda la realidad explicado-implicada es la existencia promovida por un fondo de energía en incesante actividad, un holomovimiento causal que todo lo genera y sustenta. Este movimiento holístico incluye también una dimensión psíquica de la materia. Es un todo dialéctico de energía y mente que causa el orden explicado físico y psíquico.

Pensamiento y conciencia

Tras el encuentro intelectual con el filósofo oriental Jiddu Krisnamurti, Bohm se percata del complemento metafísico a su teoría física y comienza a preguntarse por la explicación científica de la conciencia. Ambos pensadores se encontraron por primera vez en 1961. Fruto de sus diálogos han surgido diversas publicaciones. Destacamos: The ending of time (1985), El futuro de la humanidad (1987) y Los límites del pensamiento (1999).

Bohm distingue entre pensamiento y conciencia. El pensamiento es la facultad mental adquirida y consolidada que rutinariamente nos permite actuar adecuadamente en un medio. Lo constituyen tanto el conjunto de destrezas físicas como psíquicas. Es el modus operandi ordinario. El pensamiento habilita un proceso psíquico para construir una imagen coherente del mundo, útil para la supervivencia.

El pensamiento es el resultado de la acción conjunta de la mente y las percepciones. La mente abstrae las estructuras estables de la totalidad y las dota de una existencia independiente. Es así como distinguimos los objetos físicos. Las percepciones son constantemente ordenadas por el pensamiento y adecuadas al marco epistemológico previamente construido. Podríamos decir que, habitualmente, percibimos lo que pensamos.

Percepción directa

Sin duda, actuar conforme al pensamiento supone un comportamiento individualista en tensión con el de otros individuos. Como fruto de este modo psíquico de acción se producen todas diferencias y fragmentaciones que observamos en nuestras sociedades. En On Dialogue (1997) se recogen una serie de conferencias que buscan paliar este mal disgregador, a partir de un nuevo funcionamiento de la mente: el pensamiento consciente o conciencia.

El pensamiento es limitado por definición al tratar con abstracciones de una realidad global en sí misma. La conciencia es el modo complementario del funcionamiento psíquico. Es capaz de percibir sin la habituación cultural propia del pensamiento. En el pensamiento consciente es posible contemplar la realidad directamente, sin mediaciones, y lograr percibir la realidad en su conjunto tal cual es.

La conciencia, en definitiva, es la capacidad de la mente para percibir directamente. Es la dimensión psíquica que nos abre a lo nuevo y, por tanto, es fuente de creatividad. La originalidad propia del modo consciente del psiquismo permite romper con la superficialidad del pensamiento y sumergirse en las profundidades ontológicas de la realidad.

Mente individual y mente cósmica

Gracias a la conciencia el hombre puede religarse a la realidad en su conjunto. Más allá del pensamiento funcional, la conciencia permite contactar directamente con el fundamento dinámico del ser.

El origen causal de la conciencia lo sitúa Bohm unido a la causa primordial del ser: una mente-energía cósmica que todo lo fundamenta. De la mente cósmica emerge todo el orden explicado psicobiofísico. Es el origen del ser, material y psíquico, que posibilita el pensamiento consciente.

El hombre es una mente individual. Es un ser material individualizado con capacidad para percibir conscientemente la realidad última. Fundamentado en la mente cósmica originaria, el hombre es un ser material psíquico con relativa independencia del todo capaz de sentir físicamente y pensar conscientemente la realidad.

Como sujeto autónomo el hombre puede aislarse de la dinámica cósmica y funcionar en un reducto de la creación con el modo pensamiento. El pensamiento, básicamente algorítmico, es suficiente para subsistir con relativo éxito en nuestra sociedad. Sin embargo, el hombre, como mente individual ligada al cosmos, está llamado a un comportamiento consciente superior.

La mente cósmica es una presencia agente constante. La mente individual es susceptible siempre de ser activada conscientemente y salir del modo pensamiento. La conexión entre la mente cósmica y la mente individual produce, según Bohm, la experiencia de la percepción directa consciente. El hombre se hace consciente de su dimensión psíquica superior y alcanza una visión más íntegra y ajustada de la realidad global. Es el denominado insight, percepción directa o contemplación consciente.

El holomovimiento consciente

La física de Bohm es profundamente ontológica. Su concepción de la conciencia es psicobiofísica y holística. Es la acción de la mente cósmica sobre las mentes individuales; pero Bohm trata de integrar este espíritu cósmico en la dinámica causal del orden físico. Hablamos, pues, de una misma realidad ontológica de materia-energía y conciencia. Todo es el resultado de la acción dinámica de un solo todo de energía-mente. El orden psicobiofísico explicado y el orden implicado son parte últimamente indiferenciada de un todo material consciente que lo causa. Para Bohm, este movimiento global coherente, es el fundamento causal de todo ser, orden y estructura. El holomovimiento es la realidad última.

El holomovimiento es materia-conciencia en movimiento. Desde el orden implicado la incesante actividad psicofísica emerge hacia órdenes cada vez más explicados hasta constituir el ser consciente fenomenológico. El fenómeno de la conciencia es, pues, la esencia desplegada de mente y materia. Cada ser consciente es una realidad material con actividad psíquica, capaz de explicitar las propiedades intrínsecas del ser último de mente y energía.

La teoría no-local de la conciencia

La conciencia es el elemento integrador que dota de unidad a cada ser. El ser consciente se percibe como una unidad de materia y psiquismo. Un solo ser, un sujeto psicobiofísico.

La conciencia es un fenómeno emergente. El cerebro es una estructura material susceptible de generar conciencia. La ordenación adecuada de la masa cerebral a través de interacciones físicas produce la experiencia consciente.

Bohm propone que al igual que la materia genera estados macroscópicos de coherencia cuántica, el cerebro podría aprovecharse de estas propiedades físicas y cohesionarse formando un todo. Esta hipótesis científica requiere buscar interacciones físicas no-locales tipo Aspect-Bell que, ajustadas al cerebro, permitan engarzarlo cuánticamente.

Del mismo que un conjunto de partículas pierden su identidad al formar un sistema cuántico coherente, las interacciones cuánticas no-locales harían que las neuronas dejasen de comportarse como elementos individuales en favor de una sinergia neurológica.

Posible explicación de la experiencia mística

Este comportamiento holístico del cerebro explicaría mejor el conjunto de fenómenos relativos a la experiencia intersubjetiva consciente. Para Bohm, desde un punto de vista religioso, la conformación de un estado cerebral cuántico tras la acción de fuerzas no-locales, permitiría explicar la experiencia mística como la acción directa de la mente cósmica sobre una mente individual.

Aun conscientes de que no existe constatación experimental de esta teoría no-local de la conciencia, sin duda, la propuesta de Bohm es una tentativa científica para explicarla físicamente. La conciencia, como fenómeno indubitable presente en el mundo físico, precisa ser explicada científicamente.

En el futuro, como ya pasa en la actualidad, la teoría física de la mente abrirá nuevos posibilidades de diálogo entre ciencia y religión. Las propuestas especulativas de Bohm representan un hito en la historia, ya clásico, de este diálogo de la física con la metafísica hacia una dimensión física fundante donde muchos atisbarán, aunque no necesariamente, la presencia de la Divinidad.

CREDENCIALES:   

Gabriel Aramburu, «El Pensamiento Cuántico»

Manuel Béjar, investigador en la Cátedra CTR, del blog Tendencias 21

Fuente:  Extracto del Libro El Pensamiento Cuántico y http://www.tendencias21.net/La-biofisica-de-la-conciencia-explicada-desde-la-teoria-cuantica-de-David-Bohm_a1456.html

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La Materia del Alma https://medicinacuantica.global/?p=1974 Sun, 06 Jun 2010 14:13:39 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=1974

Encuentro soberbio el siguiente artículo firmado por Clementina Lozzi sobre la comprensión de la física cuántica aplicada al cuerpo humano y de obligada lectura para todos aquellos que de una vez quieran aparcar la abstracción que provoca la cuántica cuando se la encuandra en una comprensión entendible y práctica en relación a su propio SER.  Para hacer esto posible la autora utiliza una acertada metáfora donde equipara el cuerpo a un edificio de 4 plantas.  Insinto en que nadie debe de perderse la lectura del artículo porque cuando finalicen habrán también dado por concluida cierta confusión que inevitablemente surge al adentrarnos en los confines del análisis cuántico.     

«Un día, hace bastantes años, me encontraba en casa de unos amigos y conocí a un catedrático de física teórica de la Universidad de Roma. Mi carrera universitaria de ciencias naturales y mi tesis en genética tienen bastante poco que ver con la física y, además, aprobar el examen de física en aquel entonces me costó lo mío. De todas maneras le escuché con gran interés y atención. Al final de nuestra charla, para resumir todo lo que me había expuesto acerca de los descubrimientos de la física de vanguardia, me dijo: » Imagínese todo el universo y todo lo que nos rodea como un gran jarro aparentemente vacío. Pero este jarro no está vacío, está lleno de «algo» que de repente se manifiesta en una enorme variedad de objetos que se pueden ver y medir; luego, después de un tiempo más o menos largo, estos objetos vuelven a formar parte del «algo» que llena el jarro y aparentan desaparecer. No han desaparecido de verdad, han vuelto a formar parte de ese «algo». ¿Está claro?».

Para mí, en aquel entonces, no estaba claro en absoluto y me quedé callada y desorientada. Como la física es la disciplina que estudia la materia y sus propiedades y lidera el resto de ciencias desde los tiempos de Galileo (desde la química hasta las ciencias sociales), intuí que lo que acababa de escuchar podía ayudarme en mis investigaciones.

Mi interés en aquel momento estaba centrado en la biología y en la psicología. Sin embargo, me daba cuenta de que entre las dos existía una fractura muy fuerte hasta el punto de parecer inconciliables. La escisión entre las funciones biológicas de un ser humano y las de su alma o psique, que desde siempre había sido aceptada como un hecho indiscutible, no me acababa de convencer. Fue aquel día cuando me planteé la pregunta: ¿De qué clase de «materia» está hecha el «alma»? Y puesto que existen tantas enfermedades psicosomáticas y orgánicas, ¿cómo puede actuar la «materia» de la psique (alma) en el cuerpo de un ser? Si es verdad que el alma existe, tiene que ser verdad que está hecha de «algo», de alguna clase de material .

Empecé a buscar y a leer libros para comprender qué era aquel «vacío» de donde surgen los objetos visibles y medibles, como lo son también nuestros cuerpos o la mesa que está delante de nosotros o la manzana que hemos comido como postre. Aquel catedrático me había hablado del continuum, o sea, de una «substancia de base» de la cual están formadas todas las cosas de las que nos percatamos, incluyendo nuestros cuerpos, y en la que seguimos existiendo. Con palabras muy sencillas me había expuesto los hallazgos de David Bohm, antiguo colaborador de Einstein, relatados en su teoría del «Orden implicado» y de los «Cuantos».

Sin embargo, si hay que explicar a alguien algo que desconoce por completo hay que recurrir a la sencillez; de lo contrario este alguien se desanima, se aburre y deja de escuchar.
Quiero subrayar que utilizo la palabra «conciencia» en el sentido de «darse cuenta de algo».

Para empezar, consideramos nuestro cuerpo como un objeto material que se puede ver y medir: está compuesto por materia y, por consiguiente, es «real». Podríamos definirlo como un objeto que tiene, en un momento dado de su existencia, una forma y unas dimensiones bien definidas.

Para analizarlo en su totalidad, con la mayor objetividad posible, voy a parangonar este «objeto» con un edificio de cuatro plantas.

La primera planta está formada por todas aquellas partes de las que podemos tener conciencia directa a través de los órganos de los sentidos; por ejemplo: la nariz, el pelo, el color de los ojos, etc.

En la segunda planta se encuentran todas aquellas de las que no podemos tener conciencia directa; ni las vemos ni las tocamos y, sin embargo, se ha demostrado ampliamente su existencia.  Pongamos como ejemplo las células de la sangre (los glóbulos rojos, los leucocitos y las plaquetas). Lo normal es que quien se hace una herida pueda detectar un líquido rojo que fluye y aunque no se dé cuenta que hay células circulando (a no ser que disponga de un microscopio) en modo alguno dudará de su existencia. Hasta aquí todo el mundo está de acuerdo: médicos, biólogos y físicos. Pero estos últimos, los físicos, han ido más allá en el estudio de la materia, por lo que tenemos que recurrir a sus descubrimientos para examinar las dos plantas que nos quedan; aunque lo haremos utilizando esquemas más sencillos.

Pasamos a la tercera planta. Puesto que toda materia está formada por átomos, nuestro cuerpo, que es material, también está compuesto por átomos. Que no tengamos conciencia de ellos no quiere decir que no existan.

Finalmente llegamos a la cuarta y última planta. Ya que los átomos están formados por partículas aún más pequeñas, algunas con «masa» apreciable (masa quiere decir «cantidad de materia»), otras con masa casi insignificante (como los electrones) y otras sin masa («inmateriales» y/o «partículas virtuales» como los fotones), es lógico deducir que los átomos de nuestro cuerpo tengan el mismo equipo de partículas. Lo contrario sería impensable e imposible.

En resumen, si troceamos nuestros cuerpos (la materia que los constituye) nos encontramos con los átomos, que representan los «ladrillos» de dicha materia y que a su vez están formados por «ladrillos» aún mas pequeños: las partículas subatómicas y las «partículas virtuales». Estas últimas no sólo están en estrecho contacto entre sí, sino que además se intercambian informaciones y se comunican entre ellas y con el mundo exterior.

Para aclarar mejor lo que pasa en la tercera y cuarta planta del edificio, al que he comparado con nuestro cuerpo, creo conveniente hacer un esquema del aspecto que tiene un átomo. Por ejemplo, el átomo de nitrógeno, que es uno de los elementos más abundantes en la naturaleza. Según el modelo clásico de Bhor (sin considerar los subniveles orbitales) tiene este aspecto:

La pelota central es el núcleo y las pelotillas negras que giran alrededor, como si fueran sus satélites, son los electrones.

Las líneas punteadas indican la trayectoria del camino que los electrones recorren a una velocidad cercana a la de la luz.

Hasta aquí seguimos en la «tercera planta». Vamos a ver qué ocurre en la cuarta y última.

Los electrones, además de girar alrededor del núcleo central, dan vueltas sobre sí mismos como peonzas y cada uno de ellos nos lo podemos imaginar como una «bolsita» repleta de «fotones» («partículas» de luz).

Los fotones son «partículas» virtuales que no permanecen únicamente dentro de la «bolsita», sino que emiten y/o absorben unas fuerzas llamadas «ondas» a través de la cuales se intercambian informaciones, aun estando a una distancia muy considerable de la pelota central.

Cuando un electrón «absorbe» una cantidad de fotones (partículas de luz) salta de su órbita y se desplaza a la más externa; en cambio, cuando «emite» fotones salta a la más cercana al núcleo.

Ahora bien, todo lo que nos rodea, incluyéndonos a nosotros mismos, está formado por un continuum de átomos y por el continuum de dichas partículas subatómicas que hasta hace poco se llamaba «vacío».

La física clásica considera «vacío» todo el espacio en el que no es posible individuar «partículas materiales», mientras que la física de vanguardia desecha tal concepción porque afirma que dicho «vacío» no existe.

El «no vacío» está repleto de partículas virtuales que son invisibles e inmedibles y que sin embargo son generadoras de unas fuerzas, o mejor dicho, de unos «campos de fuerzas», cuya intensidad se puede medir.

Por ejemplo: las «partículas virtuales» denominadas «gravitones» son responsables de engendrar la fuerza de gravedad. Los físicos las llaman «fuerzas débiles» porque admiten que es el resultado de la suma de todas y cada una de ellas lo que produce un efecto en su conjunto extraordinariamente poderoso, como por ejemplo la gravedad de la Tierra.

He hablado únicamente de los «gravitones» porque a través de ellos me resulta más sencillo explicar el asunto del espacio/tiempo que nos trae de cabeza entender como una única dimensión. Y más aún cuando se nos dice que hay en el universo otros «espacios/tiempos» distintos de aquél que conocemos y que forman otros universos infinitos y paralelos al nuestro.

Si en lugar de hablar de «ondas gravitatorias» (o de gravitones) nos imaginamos este conjunto como un «forro» que rodea la Tierra, podemos pensar en nuestro mundo como si estuviera rodeado por las paredes de un edificio que limitan sus confines.

Todo lo que contiene se podrá mover única y exclusivamente dentro de aquellos confines, ya sea por lo que concierne a los desplazamientos de un lugar a otro (espacio) o por el número de experiencias vividas a lo largo de nuestra vida (tiempo).

Es como si se tratara de un lugar cerrado en el cual sus habitantes comen, trabajan, se desplazan de un cuarto a otro, duermen, etc. y cuando ya han realizado todas estas acciones un cierto número de veces, envejecen y mueren; dejan de existir en este campo gravitatorio.

Desde luego es impensable que en todo el Universo el espacio/ tiempo sea el mismo que el nuestro. Además, hay planetas con otros volúmenes cuyo «forro» será doblado de diferente forma delimitando otros espacios/tiempos. Por lo tanto, los hipotéticos habitantes de esos lugares es como si llevasen «otro estilo de vida» que a lo mejor no comprenderíamos.

El problema que se plantea con los hallazgos de la física de vanguardia es que no todos los «habitantes» de la Tierra (me refiero videntemente a las partículas subatómicas que constituyen la materia) respetan las leyes de la física clásica; existen «otros» que aparte de no respetarlas, las contradicen. Y puesto que estos «otros» están aquí y constituyen en su conjunto un «universo» que se compenetra con aquél que nos es habitual, también forman parte de una realidad que nos rodea y que aún desconocemos. Realidad que, en mi opinión, merece la pena explorar.

Hasta que los científicos no encuentren una teoría que unifique la discrepancia de comportamiento existente entre las dos clases de realidad (la formada por objetos medibles y la constituida por «objetos» no medibles) y que en su conjunto representan la realidad en la que vivimos, no hay más remedio que aceptar lo que nos han demostrado hasta el momento.

En resumen, las dos clases de «realidad» en las que nos movemos están constituidas, por un lado, de «cosas» que tienen una masa apreciable y que obedecen a unas leyes; y por otro, de «cosas» que se comportan de manera totalmente distinta, como por ejemplo los electrones, los fotones, etc.

Pero dado que las dos realidades coexisten y actúan aquí y ahora, ¿cómo podemos darnos cuenta, es decir, cómo podemos tener conciencia de la «otra» realidad que nos parece «rara» e inverosímil? Cuando alguien nos cuenta que ha tenido una experiencia «rara»o que ha visto » una aparición» o cualquier otra cosa que está de moda llamar «experiencia paranormal» o «extrasensorial», ¿por qué ponerle la etiqueta de mentiroso o de «loco» y calificar las suyas como «alucinaciones»? Es muy probable que este alguien haya tenido una «expansión» de conciencia, o sea, que el poder de percepción de los órganos de los sentidos se le haya ampliado hasta el punto de poder captar el «otro universo» que se compenetra y coexiste con aquél que consideramos «normal».
Además, como el poder de percepción de los objetos es variable de persona a persona (como puede serlo la vista, la audición o la capacidad de percibir olores) no hay que extrañarse que algunos tengan la posibilidad de «captar» percepciones que otros no captan.

Actualmente, la física pionera se está interesando por el problema de la conciencia. Nos hallamos en un mar de confusión, porque aunque las tradiciones y las religiones diferencien la parte «espiritual» de la parte «material» en los seres, estas parece que existan en el mismo lugar, aunque con otros nombres, aquellos que les dan los investigadores científicos.

Hoy en día, para nuestra cultura mas bien de carácter racionalista, es más aconsejable hablar de «conjunto de electrones y fotones» que componen el cuerpo humano en lugar de hablar de «alma» o de «espíritu», pues tales vocablos horrorizarían a muchos que, aunque creyentes, siguen aferrados a esquemas científicos obsoletos.

He tomado como ejemplo el cuerpo humano y lo he comparado con un edificio de cuatro plantas. En realidad todas las cosas que nos rodean tienen estos cuatro pisos, lo que pasa es que no nos damos cuenta de este hecho.

El físico Shrodinger intentó explicar lo que acabo de decir con la siguiente paradoja: Encerremos un gato en una caja sin agujeros y privémosle de comida y bebida, de manera que no pueda sustentarse ni respirar, y dejémosle allí dentro durante tres meses. Transcurrido este tiempo nos preguntaremos si el gato está vivo o está muerto. Desde luego parece una idiotez, pero no lo es. Shrodinger demuestra por el media de las matemáticas, que el gato está vivo y muerto a la vez. De todas formas, tenemos una única manera de averiguarlo: abrir la caja.

Al hacerlo ponemos al gato en «nuestro espacio/tiempo» normal y desde luego lo vemos muerto, pero como existen «sistemas de espacio/tiempo distintos» al «normal» el gato puede seguir vivo en estos sistemas.

Quiero decir que para nuestra conciencia ordinaria, que necesita ayudarse de los órganos de los sentidos, está claro que el gato está muerto pero como no podemos alcanzar todas las realidades a través de ellos, el gato sigue vivo en su conjunto de electrones y fotones, o sea, su «alma» sigue viva en otro espacio/ tiempo que igualmente existe aquí con nosotros formando la parte de la realidad que aún desconocemos.

Es sabido que unas de las partículas subatómicas que componen la materia (los electrones) tienen «memoria» y, si pertenecen al mismo conjunto, permanecerán para siempre íntimamente conectadas entre sí (teorema de Bell). Entonces, lo lógico es deducir que también el conjunto de electrones y fotones del gato guardan su memoria individual en una realidad que aún desconocemos. Por supuesto, incluso cuando el gato estaba vivo antes de encerrarlo en la caja, su cuerpo estaba equipado con estas partículas que no obedecían a las leyes de la física clásica.

La otra «clase» de realidad que nos resulta tan «rara» se desliza a veces en la «nuestra»; por ejemplo, a través de los sueños o de acontecimientos inexplicables .

Pero queda una pregunta: ¿cómo podemos darnos cuenta de esas otras partes de la realidad de las que los científicos han demostrado la existencia? En otras palabras, ¿cómo podemos «ampliar» nuestra conciencia?

Mientras los físicos no resuelvan el problema de la «conciencia», quizás a través de un sistema de ecuaciones diferenciales, tenemos que recurrir a los medios que están a nuestro alcance. Un medio muy efectivo es nuestro cerebro, que cuando varía la frecuencia de las ondas que emite capta con bastante facilidad todas las informaciones que necesitamos, aunque haga falta «racionalizarlas» o, lo que es lo mismo, comprenderlas. Llegados a este punto me parece pertinente apuntar una analogía que resulta ser suficientemente lógica como para tenerla en cuenta. Todos aquellos que lean los libros sagrados, sin los prejuicios y sin el miedo de que lleguen a bloquear el intelecto, pueden comparar el Reino de los Cielos de los cristianos o el Nirvana de los budistas con el «cuarto piso» de la realidad.  Hoy en día muchos físicos han escrito ensayos místicos y nadie se atreve a llamarles «locos» o «exaltados», ya que son científicos de fama reconocida.

Para nosotros, los occidentales, es más asequible el concepto del «Reino de los Cielos» pues nuestro bagaje cultural ha sido heredado de los egipcios, de los griegos y de los judíos y, por lo tanto, entendemos mejor la filosofía de Jesús de Nazaret que la de Buda o la de Brahma. Además, según los documentos históricos que han llegado hasta nosotros, entre los que se encuentran los llamados «evangelios canónicos», y cuya autenticidad parece suficientemente demostrada, Jesús impartió su «teoría» oral y prácticamente a través de los llamados «milagros». De manera imilar actúa la ciencia moderna que opera verdaderos «milagros» en muchos campos del conocimiento humano.

Cuando Jesús dice: En la casa de mi Padre (que también es vuestro Padre) hay muchas mansiones, me resulta inevitable establecer una relación con los conjuntos de electrones y fotones (las almas) allí existentes, en el «jarro aparentemente vacío» del que me habló el catedrático de física aquella vez, hace muchos años».

CREDENCIALES:

La ciencia descubre el alma.
© Clementina Lozzi
© Publiondas, Servicios de Comunicación S. L.
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FUENTE: http://www.lucesenlaoscuridad.es/articulos.php?elemento=1181

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La Ciencia Reconoce la Importancia de la Meditación https://medicinacuantica.global/?p=1922 Thu, 27 May 2010 20:00:48 +0000 http://medicinacuantica.net/?p=1922

Aunque pueda sonar llamativo, de acuerdo con la información disponible en una de las bases de datos más respetadas dentro de la comunidad científica internacional hasta la fecha se han publicado más de 1800 trabajos científicos sobre la meditación.

Para el doctor Claudio Naranjo, médico psiquiatra, investigador y uno de los pioneros de la psicología transpersonal, la meditación puede hacer grandes aportes a la ciencia y la educación.

Un cuento sufí –de la doctrina mística del Islam– relata la historia de Nasrudin quien pierde sus llaves en el camino, y las empieza a buscar debajo de la luz del farol. A medida que pasa el tiempo se suman vecinos a ayudarlo a encontrarlas, pero luego de mucho tiempo, la búsqueda ha sido en vano. Finalmente, uno de los vecinos le pregunta a Nasrudin, “¿Seguro que las perdistes aquí?”, “No”, responde Nasrudin. “¿Entonces por qué las buscas aquí?”, le preguntan, y el responde: “Porque en esta esquina hay luz, mientras que la otra esquina está muy oscura.”

En cierta medida, el relato refleja los condicionamientos que regulan la mente y el comportamiento humano en la vida cotidiana, en el modo en que se imparte la educación a los niños y la manera en que se ejerce la práctica científica, entre otros ámbitos de la vida, según se destacó recientemente en la conferencia “La meditación, su importancia en el campo de la ciencia y la educación”, brindada por uno de los pioneros de la psicología transpersonal, el doctor Claudio Naranjo, en el auditorio de la Facultad de Medicina de la UBA.

Para el médico psiquiatra Naranjo, que ha sido investigador de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) y es fundador del Instituto SAT de psicoterapia integradora, la meditación constituye una herramienta que puede ayudar a “encontrar las llaves” allí donde se encuentran y no dónde es más fácil buscarlas. De acuerdo con Naranjo la meditación puede servir “para que el mundo científico pueda distinguir entre la ciencia propiamente tal y el cientificismo dogmático”. Asimismo consideró de gran relevancia el aporte que las dimensiones de la meditación pueden hacer en el campo de la educación tales como “la paz interior, la atención a las propias vivencias y otras que favorecen no sólo la salud mental, sino también el desarrollo interior de las personas, más allá de sus capacidades de producción.”

Estudios científicos sobre la meditación

Durante la conferencia, se subrayó que si bien muchos científicos consideran a la meditación un fenómeno muy abstracto, hasta la fecha figuran más de 1800 trabajos publicados en PubMed, una de las bases de datos más respetadas dentro de la comunidad científica. Estos estudios incluyen evidencias sobre los efectos de la meditación en la conciencia y en la atención, entre otras habilidades.

Por ejemplo, un trabajo publicado en el Proceedings of the National Academy of Science –realizado por investigadores de la Universidad de Wisconsin en Estados Unidos– se centró en el estudio comparativo de la actividad cerebral de personas que habían realizado meditación en prolongados períodos de tiempo frente a personas que no habían meditado. El análisis de los encefalogramas mostró que la actividad cerebral en ambos grupos era diferente.

Otro trabajo publicado por el grupo de R. Davidson en PLOS Biology revela que la práctica de la meditación afecta la capacidad de atención en estado de vigilia. Tras realizar una serie de ejercicios, los autores del trabajo observaron que los meditadores tienen una mayor capacidad para discriminar entre dos objetos que son expuestos en un muy breve lapso del tiempo. De acuerdo con los investigadores, los meditadores tenían esa habilidad dado que la energía del cerebro estaba concentrada en la atención focal y no tanto en pensamientos discursivos o en emociones.

Asimismo la revista PLOS One publicó en 2008 los resultados de un trabajo realizado en el campo de la biología molecular. En el estudio –que tuvo lugar en el Hospital General de Massachussets por científicos del Instituto Benson-Henry de Medicina Mente-Cuerpo– participaron personas que habían practicado meditación a lo largo de un lapso de entre 4 y 20 años, y otras que habían tenido poco o nulo acceso a esa práctica. En ellos se evaluó la respuesta de relajación, que es la opuesta a la respuesta de estrés, por medio de análisis de genómica funcional en muestras de sangre. Lo novedoso del estudio fue el concepto de estudiar a la respuesta de relajación por sí misma, ya que siempre se la contemplaba como un fenómeno que se origina luego de un episodio de estrés. Los investigadores descubrieron que los meditadores poseían un perfil de expresión genética característico en la sangre que permitía diferenciarlos de lo no-meditadores o de las personas que habían participado de un curso de meditación breve (8 semanas). Tanto en éste como en los otros estudios se concluyó que el tiempo dedicado a la meditación correlacionaba de manera positiva con los efectos que se estudiaban. En otras palabras, los efectos de la meditación son acumulativos, esto es, que es necesario realizar una práctica constante para ver sus resultados.

Por otra parte, fue importante detectar que los efectos derivados de la meditación se manifiestan también en el estado de vigilia, o sea cuando no se está meditando, por lo que se concluyó que la meditación posee efectos directos sobre las actividades diarias.

Por otra parte, desde el 2002 la revista Nature incluye en sus revisiones a la meditación como una actividad a través de la cual se influye al sistema nervioso.

Una de las iniciativas que ha fomentado el avance del estudio científico de la meditación proviene del Instituto Mente y Vida, con sede en Estados Unidos. Este instituto promueve la colaboración entre científicos y destacadas figuras del budismo que tienen como objetivo ampliar la comprensión del conocimiento a fin de generar un aporte no solo para el avance de las ciencias sino del desarrollo humano en todas las dimensiones de la vida.

En el prólogo del libro “Emociones destructivas” de Daniel Goleman (Editorial Vergara), el Dalai Lama escribe: “El budismo y la ciencia no son visiones contrapuestas del mundo, sino enfoques diferentes que apuntan hacia el mismo fin, la búsqueda de la verdad. La esencia de la práctica budista consiste en la investigación de la realidad, mientras que la ciencia, por su parte, dispone de sus propios métodos para llevar a cabo esa investigación. Tal vez, los propósitos de la ciencia difieran de los del budismo, pero ambos ensanchan nuestro conocimiento y amplían nuestra comprensión”. Y agrega: “Como demuestran los diversos encuentros organizados hasta el momento por el Instituto Mente y Vida, son muchos los ámbitos en los que el budismo puede contribuir al conocimiento científico”.

Meditación y ciencia

De acuerdo con Naranjo, a través de la meditación la ciencia podría despojarse del cientificismo: “Llamo cientificismo a una arrogancia que históricamente se desarrolló en la ciencia cuando libró su batalla contra la fe, en los orígenes del iluminismo, en los siglos de las luces, en el siglo de Voltaire, cuando se destronaron a los reyes, cuando se cuestionaron a las autoridades eclesiásticas como nunca antes. Es la única forma que tuvo la razón para triunfar, empleando argumentos envueltos de un autoritarismo equivalente de signo contrario. El dogmatismo religioso fue combatido con el dogmatismo de la razón.”

Sin embargo, el profesor Naranjo, señaló que en la actualidad hay algo anacrónico en ese dogmatismo científico. “Los científicos suelen sentir que no se pierden mucho con descartar sobre aquello sobre lo cual la razón no puede pronunciarse, y los del mundo de la intuición sienten que los científicos se pierden mucho porque una persona que tiene despierto ese otro sentido de la intuición, abierto al camino de la experiencia se puede acercar a esa sabiduría que equivale a una vida plena”, afirmó.

Para el experto, a la ciencia le falta capacidad de síntesis y suele separar la razón de la intuición, cuando ambas capacidades podrían integrarse. “En la ciencia está esa tendencia de no “ver cosas demasiado difíciles, de no buscar la llave ahí donde está oscuro, sino más bien a la ‘luz de las lámparas’, a la luz del intelecto”, destacó. Y agregó que la meditación puede contribuir a esa capacidad de síntesis de las diversas dimensiones de las personas (intelecto, emociones e instinto, entre otros aspectos) tanto en el campo de la educación como en la práctica científica.

“Hay en cada persona una falta de paz, y esa falta de quietud y de estar en paz consigo mismo y con la vida no es algo irrelevante a la paz del mundo. Entonces la quietud es una practica meditativa que tiene muchas formas, está en muchas tradiciones como el hinduismo, el budismo, el taoísmo y sufismo, entre otras”, indicó Naranjo. Y agregó que la quietud –que es un aspecto de la meditación- cura automatismos del pensamiento y de la actitud.

“Estamos siempre en movimiento, estamos haciendo siempre esto, siempre haciendo aquello, y no nos damos cuenta de nuestra compulsión del hacer, de movernos, de la compulsión de querer llenar el vacío de nuestro ser con algo, con el próximo movimiento, con el próximo proyecto, con el próximo logro, con el próximo pensamiento. Pascal lo dijo hace siglos:’el problema del mundo es que la gente no sabe quedarse quieta en su cuarto’”, destacó el médico psiquiatra.

Pero no solo interesa el quedarse quieto, el detener la mente, el silenciar el pensamiento, interesa también lo que parecería que es lo contrario, afirmó Naranjo. Y prosiguió: “Se puede decir que hay en la meditación una dimensión que va de la luz roja del ‘quieto’ a la luz verde de ‘la invitación a fluir (dejar fluir la mente)’. Se trata de una complementariedad que la conocen muy bien los meditadores, sobre todo en la tradición Zen, en la que se insta a una imagen que se usa mucho que uno debe dejar que la mente sea como el cielo que es móvil e imperturbable pero por el cual pasan las nubes, como una entrega a la corriente de la vida.”

“Es como una invitación a dejarse llevar por algo desconocido, invitar a que entre en funciones una parte de nuestra mente que puede entrar a sustituir el pequeño Yo cotidiano y en esos momentos en que entra en operación esa parte, decimos que son momentos de inspiración. Entonces eso es una dimensión de la meditación que tiene esa polaridad, del signo ‘Pare’ y el signo ‘Siga’, pero que son una complementariedad, porque mientras más logramos quietud, el poder estar sin hacer, más logramos no ser esclavos de la acción compulsiva habitual”, explicó Naranjo y agregó que desde su punto de vista las personas que están interesadas en el estudio de la meditación están descubriendo que donde hay más meditación es en el budismo.

Asimismo destacó que “el budismo es la religión de la meditación por excelencia, el articulo supremo es ‘mejora tu mente’, y la manera de mejorar tu mente es la meditación si se quiere llegar a otro plano de la existencia.”

Según Naranjo, el que se interesa en estudiar la meditación, se hace un poco creyente de que la meditación sirve. “El hecho de que haya correlatos neurofisiológicos ya es un indicio de que es real. Creo que la cercanía entre la comunidad científica y la comunidad de quienes practican meditación inspirará un poco de fe de ese ideal humano que es más solidario”, aseguró a la Agencia CyTA. Y subrayó que desde el punto de vista de la investigación, la meditación libera la intuición por lo cual “puede que haya una ayuda a la capacidad inductiva en la ciencia.”

Por último, abogó por una “ciencia menos arrogante en su denigración de lo que no se comprende o aún no ha sido comprendido” y destacó que para la ciencia sería útil mostrar “la capacidad de estar abierto a todas las ideas. Ser riguroso, y tener una apertura, al mismo tiempo.”

Para el Médico Psiquiatra Claudio Naranjo, que ha sido investigador de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) y es fundador del Instituto SAT de psicoterapia integradora, la meditación constituye una herramienta que puede hacer grandes aportes a la educación y a la ciencia.

Créditos: Sitio oficial del Doctor Claudio Naranjo www.claudionaranjo.net
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=65695&uid=474664

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